‘WE OWN THIS CITY’: REVIEW

REVIEW: We Own This City – Miniserie. 

Casi 14 años después, David Simon y George Pelecanos regresan a las calles de Baltimore, la ciudad que les encumbró. Mucho ha llovido desde ese 9 de marzo 2008, el día en el que terminó The Wire –considerada por muchos como la mejor serie de todos los tiempos- y muchas, muchísimas, series han pasado por nuestras pantallas, incluidas las posteriores aventuras de una de las sociedades más exitosas de la televisión moderna. Siempre de la mano de HBO, con Treme exploramos la realidad de Nueva Orleans después del devastador paso del huracán Katrina y con The Deuce nos sumergimos en la seductora Nueva York de los setenta y ochenta, cuando la pornografía y la prostitución estaban en pleno auge. Tampoco hay que olvidarse de The Plot Against America, una de las pocas aventuras en solitario de Simon desde entonces, la cual examinaba una realidad alternativa en la que Franklin D. Roosevelt fue derrotado por Charles Linderbergh en las elecciones de 1940.

Pese a sus particularidades, todas tienen algo en común: retratan casi a la perfección a la sociedad americana de la época, utilizando a un pequeño sector de la comunidad para mostrar tanto la evolución de la misma como los problemas y/o factores que retrasaron e influyeron de forma definitiva en su crecimiento. Ya puede ser a través de un mundo alternativo o de las historias de los residentes de un pequeño vecindario, América y por ende su sociedad, la vida de una ciudad americana, siempre es la protagonista final. Este también es el caso de We Own This City (La ciudad es nuestra), un clásico drama policíaco que, pese a no tener ningún tipo de conexión directa con The Wire, bebe directamente de su atemporal legado.

WOTC1
Photograph by Paul Schiraldi/HBO.

La miniserie, compuesta por seis episodios, está basada en la popular novela de no ficción We Own This City: A True Story of Crime, Cops, and Corruption, escrita por el periodista de investigación estadounidense Justin Fenton.

A grandes rasgos, esta narra el meteórico ascenso y la posterior caída a los infiernos de la Fuerza Especial de Rastreo de Armas del Departamento de Policía de Baltimore, una unidad cuyos miembros eligieron hundirse en la corrupción, convirtiéndose con el paso de los años en un peligroso grupo de matones que en vez de velar por la seguridad de sus ciudadanos se dedicaba a abusar de su poder de todas las formas posibles. Robos de grandes cantidades de dinero y/o drogas, palizas, detenciones ilegales, manipulación de evidencias, plantación de pruebas falsas, etc. etc. Tal y como dice el título de la serie, la ciudad era suya. Lo sabía todo el mundo y casi nadie les plantaba cara. La burocracia y la poca predisposición de los altos cargos de la policía de la ciudad hacía el resto.

Su máximo exponente, y por lo tanto centro de todo lo que vemos en pantalla, es Wayne Jenkins (Jon Bernthal), al cual seguimos desde sus primeros días en la BPD hasta sus gloriosos tiempos como Sargento de la mencionada GTTF. Poco a poco, lo que empezó con pequeños casos de comportamiento inapropiado acabó escalando hasta que Jenkins se convirtió en uno de los máximos exponentes de la corrupción policial de la historia reciente de los EEUU. Él y todos los que le acompañaron. Algunos estuvieron más tiempo a su lado, otros formaron parte de una forma más importante del chiringuito que tenía montado, pero todos tuvieron su parte de culpa en la fallida de un sistema caduco que ya ni siquiera era capaz de ofrecer las mínimas garantías a la gente que confiaba en él. y, sobre todo, en los responsables de aplicar sus leyes. Los detectives Daniel Hersl (Josh Charles), Maurice Ward (Rob Brown), Momodu Gondo (McKinley Belcher III) o Jemell Rayam (Darrell Britt Gibson) son algunos de ellos. A diferencia de Jenkins, la serie no solo cuenta sus historias desde el punto de vista de la acción o el caso de turno, sino que también recrea los largos interrogatorios -y sus detalladas confesiones- a los que fueron sometidos por parte del equipo liderado por Erika Jensen (Dagmara Dominczyk).

La suya, la federal, fue una de las múltiples investigaciones que se llevaron a cabo sobre los métodos utilizados y problemas generados por parte de la GTTF. Tal y como se cuenta en el primer capítulo de la ficción, todo empezó cuando los detectives de la División de narcóticos  Kilpatrick (Larry Mitchell) y McDougall (David Corenswet) cruzaron casualmente sus caminos con los planes de la unidad encabezada por Jenkins. Curiosamente, ambos desaparecen bastante rápido de una trama de la que empiezan siendo casi protagonistas. Igual de importante, también para los espectadores en términos narrativos, es el trabajo de Nicole Steele (Wunmi Mosaku), una decidida abogada de la División de Derechos Civiles del Departamento de Justicia cuyas entrevistas con ex policías, políticos locales y algunos de los máximos responsables de la BPD, como por ejemplo Kevin Davis (Delaney Williams), el Comisionado General del cuerpo, nos ayudan a entender la magnitud de lo que se está cociendo día a día tanto en las calles como en los tribunales de la ciudad. Tampoco hay que olvidarse de Sean Suiter (Jamie Hector), un detective de homicidios cuyo pasado y honestidad le acabaron costando demasiado caro.

WOTC2
Photograph by Paul Schiraldi/HBO.

Aunque en la serie no llegamos a ‘presenciarla’, la trágica muerte de Freddie Gray (2015) es mencionada en casi todos sus episodios. Detenido por la BPD por, presuntamente, estar armado con un cuchillo, este joven afroamericano murió en abril de 201 a causa de las heridas derivadas de su brutal e injusta detención, heridas que incluían el cuello roto y la tráquea aplastada. Su caso desencadenó en los conocidos como disturbios de Baltimore, los cuales llevaron a que se empezará a poner en seria duda la práctica de tolerancia cero impuesta por la jerarquía policial, la que culmina en una práctica de «ellos contra nosotros», volviendo a la policía contra los habitantes que se supone debe proteger. Un antes y un después al que We Own This City trata como un evento tan importante y relevante como el que el que trata su historia.

La serie puede llegar a resultar un tanto densa e incluso confusa en alguna ocasión ya que desarrolla casi dos décadas de historia a través de múltiples puntos de vista y líneas temporales, pero al final del día hace un trabajo excelente a la hora de contar de forma concisa y entretenida un escándalo de este calibre. Me parece increíble que dentro de un elenco tan extenso y diverso solo encontremos buenas actuaciones. Nadie desentona, todo el mundo cumple a la perfección con su cometido. Empezando por Bernthal, un actor del que nunca he sido demasiado fan pero ante el que me quito el sombrero en esta ocasión. Los guiones de Simon, Pelecanos y compañía, basados siempre en el que desde fuera parece un espectacular trabajo de documentación, son tan eficientes como lo es la serie en sí, mientras que la dirección de Reinaldo Marcus Green (King Richard) logra darle ese toque realista tan necesario para este tipo de producciones.

En resumen, We Own This City no destaca precisamente por ser algo novedoso, pero si que es una producto sólido y muy bien trabajado en todos los terrenos y conceptos. Sabe lo que quiere contar, sabe cómo hacerlo, y lo hace de maravilla. Desde este mismo martes, cada semana un nuevo episodio en HBO Max.

NOTA DE LA TEMPORADA: 8.3/10

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.