‘DICKINSON’: REVIEW (TEMPORADA 3)

REVIEW: Dickinson – Temporada 3.

Emily Dickinson escribió en uno de sus poemas: «Levantar una carta hacia la luz, oscurecida ahora, con el tiempo; repasar las palabras desvaídas que, como el vino, un día nos alegraron», unas líneas que también me parecen una bonita reflexión sobre lo que deberíamos hacer ahora que Dickinson, la serie original de Apple TV+ que narra su vida y obra, llega a su fin. Y es cierto: este es el final del camino, el final de una serie maravillosa que desde el primer día ha cautivado a miles de espectadores de todo el mundo. Es totalmente normal que el lanzamiento de su tercera y última temporada genere cierto sentimiento de pena y/o tristeza. Siempre nos lo han dicho; las despedidas son dolorosas. Todas. Las de las series también. Solo faltaría. Pero, llegados a este punto, también creo que deberíamos tener cierta perspectiva a la hora de decir adiós, sobre todo en estos casos. Los buenos recuerdos siempre prevalecerán por encima de todo y, gracias a ellos, las despedidas nunca serán del todo definitivas. Dickinson termina, pero, igual que ha hecho la historia con la revolucionaria poeta estadounidense, siempre nos acordaremos de ella. También de su legado. Ambos conceptos van muy ligados.

De alguna forma u otra, creo que sus responsables, con su creadora Alena Smith a la cabeza, también han querido abrirnos los ojos en este sentido. Lógicamente, la serie sigue su camino (aún hay mucho que contar) pero, esta última temporada, pese a desarrollarse durante una guerra, desprende un aroma a positividad y esperanza a la que, como público, también debemos agarrarnos. Ya habrá tiempo para llorar. Por delante nos quedan 10 capítulos llenos de grandes momentos y escenas para añadir a nuestra particular colección. Por supuesto que hay drama, rifirrafes, discusiones y sentimientos encontrados. Como siempre. Pero estos también están llenos de amor, humor, música, bailes, miradas furtivas, pasión, y ese ocasional surrealismo puro y duro tan característico de la serie. En breve llegará el momento de decir adiós, pero lo haremos con una sonrisa en la boca.

Dickinson (Apple TV+).

Esta tercera entrega arranca poco después de los (ardientes) eventos con los que terminó la anterior, con el país sumido en una guerra civil, y con Emily (Hailee Steinfeld) sumergida en su propia lucha por arreglar las múltiples divisiones, principalmente familiares, generadas a su alrededor. Tanto a ella misma como a sus conocidos y seres queridos les está tocando vivir una situación complicada que ni siquiera las habituales salidas de tono de Lavinia (Anna Baryshnikov) consiguen mandar por mucho rato a un segundo plano. Con la muerte y todos los sentimientos que su mera presencia genera en primer plano desde su arranque, esta es la temporada en la que nuestra querida protagonista se pregunta si el arte puede ayudar a mantener viva la esperanza y si el futuro puede ser mejor que el pasado. A través de sus constantes reflexiones existenciales, sus cada vez más profundas charlas con Sue (Ella Hunt), y sus encuentros – tanto físicos como retóricos- con personajes como Walt Whitman (Billy Eichner), un excéntrico médico voluntario en un hospital de campaña de Nueva York que rápidamente se convirtió en uno de mis invitados preferidos de toda la serie, o el Coronel Thomas Wentworth Higginson (Gabriel Ebert), otra figura real de la vida de la poeta al que se le da un papel corto pero fundamental en el desarrollo de la historia que exploramos, Emily se embarca en su último viaje de autodescubrimiento, un viaje que esta vez si le ayudará a comprender de forma definitiva lo relevante que fueron, son y serán tanto sus poemas como su herencia.

Thomas Wentworth Higginson, históricamente recordado debido a la correspondencia que mantuvo con Emily Dickinson, de la que se acabó convirtiendo en mentor literario, también tomó parte activa, como soldado y posteriormente coronel, en el Movimiento Abolicionista de mediados del siglo XIX. También en la serie, acabó dirigiendo el Primer Regimiento de Voluntarios de Carolina del Sur, el primer afroamericano del que se tiene constancia. Este icónico batallón cobra vida e importancia en la serie a través de un viejo conocido, Henry (Chinaza Uche), el cual acaba siendo contratado por Higginson, gracias a su mutua conexión con John Brown, para enseñar a sus miembros a leer y escribir mientras espera que el Presidente Lincoln firme la Proclamación de Emancipación, algo que acabaría ocurriendo de forma preliminar en septiembre de 1862. En otras palabras, Henry tenía que ayudarle a demostrar que esos hombres eran tan valientes y tan válidos como cualquier señor de raza blanca. Dickinson siempre ha utilizado una parte de su tiempo para examinar -a través de su particular punto de vista- la realidad de la gente de color durante el siglo XVII, y siempre lo ha hecho de forma impecable, a través de historias llenas de sentido y corazón. Esta última temporada no iba a ser una excepción. Tanto el mencionado Chinaza Uche como Amanda Warren (Betty) también se merecen todo nuestro reconocimiento por haber formado parte de esta historia. 

Volviendo a la ajetreada residencia de los Dickinson, esta también será una temporada tumultuosa en cuanto a lo sentimental. Nada nuevo bajo el sol. Lógicamente, la historia de amor de Emily y Sue también tendrá su desenlace. El juego ha estado bien y todos hemos participado en él de una forma u otra, pero ha llegado el momento de decidirse. Aunque al final del día su opinión es prácticamente intrascendente, Austin (Adrian Enscoe) también tendrá algo que decir en todo esto. Recordamos que al final de la segunda temporada empezó a olerse la tostada. Eso sin entrar en que él hace bastante tiempo que tiene sus propios planes con su querida Jane (Gus Birney). El mayor de los Dickinson se enfrentará este año a una crisis existencial en la que se replanteará muchas cosas, entre ellas sus relaciones familiares. Ser padre primerizo no es fácil. Ver como todos tus amigos son llamado a filas tampoco. Si a ello le sumamos el caos mental al que él mismo se ha sometido recientemente, el resultado es un Austin mucho más perdido, pero a la vez decidido a dar un volantazo a su existencia. Por su parte, no es que Lavinia y los señores Dickinson (Toby Huss y Jane Krakowski) no tengan sus propias tramas, por supuesto que las tienen, aunque, igual que en el pasado, se mantienen en segundo plano. Esta vez es Edward el que coge un poco más de peso, sobre todo en cuanto a subtramas relacionadas con sus hijos, mientras que su mujer empieza a darse cuenta, aunque sea poco a poco, de que las mujeres también tienen su derecho a tener su propia voz y voto. Por cierto, Lavinia sigue estando como una regadera. Las risas que te echas con ella son impagables… 

Dickinson (Apple TV+).

En términos generales, Dickinson se despide por la puerta grande con una temporada que consigue englobar de una forma muy acertada la mayoría de elementos que la han hecho única. Hailee Steinfeld demuestra una vez más porqué Emily Dickinson estaría orgullosa de ella si levantara la cabeza. Su actuación durante estas tres temporadas ha sido sublime. Simplemente maravillosa. Ella Hunt también merece una gran ovación. Juntas se han convertido en todo un referente de la comunidad LGTBQ, dando vida a uno de los romances más bonitos de la televisión actual. Personalmente, y creo que hablo en nombre de muchos, una de las pocas espinas que me quedan clavadas es que nunca se decidiera explotar del todo su relación. Aunque fuera de forma breve y/o parcial. Entiendo que, por muchas licencias que se hayan tomado durante su transcurso, Dickinson es una «serie histórica» y que su historia global tiene varias pautas ya marcadas, pero, al menos en este caso, no lo comparto. A la serie siempre le ha venido muy bien el hecho de contar con el apoyo incondicional del colectivo, y, aunque eso no implicada ninguna «obligación» ni nada por el estilo, nunca se lo ha acabado de recompensar.

En resumen, la tercera y última temporada de Dickinson me ha gustado muchísimo. Quizás no es tan buena como la primera, cuyos inicios siempre consideraré como el pico de la serie, pero cumple con todo lo que se propone a la vez que proporciona un cierre a la altura de lo que tanto sus personajes como sus fans merecemos. Ni me ha faltado nada, ni me ha sobrado nada. La serie siempre ha sido muy consecuente con sus ideas, desde el primer día, y con eso se despide. Esta última tanda de capítulos contiene algunas de mis escenas favoritas de todas la serie, y eso me parece suficiente a la hora de valorar su nivel. ¿Es triste? La verdad es que si, tiene sus momentos. Pero también transmite un mensaje bonito, de esperanza, un mensaje que, como decía al principio, debería ser con lo que nos quedemos. El tráiler lanzado recientemente por Apple habla de que «toda gran leyenda merece un final poético» y eso es lo que nos ofrecen Alana Smith y el resto de su equipo. Pocos finales más poéticos se me ocurren que la última escena de la serie. Pueden estar muy orgullosos de su trabajo. Desde aquí, solo me queda decir una cosa: gracias.

Recuerdo que Apple TV+ estrena los tres primeros capítulos de esta tercera y última temporada el 5 de noviembre. Desde dicha fecha, un nuevo episodio cada viernes.

NOTA DE LA TEMPORADA: 8.5/10

MVP: Hailee Steinfeld (Emily Dickinson).

CAPÍTULO FAVORITO: This is My Letter To the World (3.04).

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