‘ANTIDISTURBIOS’: REVIEW

REVIEW: Antidisturbios – Temporada 1.

Antidisturbios, la recién estrenada ficción original de Movistar+, es la serie de la que todo el mundo habla ahora mismo. Estamos ante la enésima lección de lo bien que se están haciendo las cosas en nuestro país últimamente. No me cansaré de decirlo en cada crítica que haga sobre una nueva producción española. Este 2020, un año que será recordado por la pandemia que desoló al mundo entero  y por todas las tragedias y desgracias que ha comportado su expansión, también la confirmación de la que podemos catalogar como la era de oro de la ficción nacional. Creo que no hay ninguna duda al respecto. Rodrigo Sorogoyen, el cual también ha dirigido de una forma escandalosamente magistral todos sus capítulos, e Isabel Peña, co-creadora de la misma, nos regalan un producto lleno de adrenalina que no dejará a nadie indiferente, una serie ambiciosa, cuidada hasta el más mínimo detalle, desde su puesta en escena hasta su maravillosa banda sonora, pasando por todos y cada uno de los campos habituales, protagonizada por un elenco que brilla en todo momento gracias a unas interpretaciones impecables por parte de cada uno de sus miembros. Antidisturbios se propone muchas cosas y consigue llevarlas a cabo de una de las formas más eficientes que he visto recientemente. Se le pueden discutir muchas cosas. Sin duda. La polémica generada alrededor de la imagen que muestra de la policía es un ejemplo, pero nunca su calidad. Eso es innegable y para muchos, entre los que me incluyo, uno de los grandes puntos fuertes tanto de ella como del resto de producciones recientes en España.

Antidisturbios (Movistar+).

AVISO: SPOILERS A CONTINUACIÓN.

Todo empieza cuando un equipo de antidisturbios es llamado para ejecutar un desahucio en el centro de Madrid, un desahucio más que complicado, lleno de tensión y violencia, el cual acaba con la trágica muerte de un inmigrante. Salva (Hovik Keuchkerian) y el resto de furgón “Puma 93” reciben la visita de Asuntos Internos después de que se abra una investigación para determinar si alguno de ellos ha actuado de forma negligente. Pese a sus múltiples esfuerzos por apretarles, ni Laia Urquijo (Vicky Luengo) ni sus compañeros consiguen sacar nada que les sirve para armar un caso en su contra, nada hasta el momento en el encuentran un vídeo del desahucio que cambia por completo la situación. Tanto el mencionado máximo responsable del equipo como sus chicos, Diego (Raúl Arévalo), Álex (Álex García), Úbeda (Roberto Álamo), Rubén (Patrick Criado) y Bermejo (Raúl Prieto), un agente recién llegado a la UIP, son duramente sancionados y acusados de homicidio imprudente. Rubén incluso es expulsado del cuerpo.

Aunque todo parece resuelto y Asuntos Internos se prepara para darle carpetazo definitivo al tema, Laia sigue obsesionada con que algo se les escapó en su momento. Convencida de que hay algo más en todo esto y pese a las constantes advertencias de su superior directo, Moreno (Tomás del Estal), un tipo de la vieja escuela con el que nunca se ha acabado de entender, de que se centre en lo suyo y deje estar el maldito desahucio, ella decide seguir investigando por su cuenta. Mientras tanto, los antidisturbios, conscientes de que pueden acabar en la cárcel sino toman alguna medida drástica y rápida optan por hacerle caso a Rosales (David Llorente), el tío de Álex, subjefe de Antidisturbios con más conexiones que neuronas, y ponerse en contacto con Revilla, un policía retirado, tan anónimo como poderoso, capaz de “arreglar” cualquier tipo de problema. En otras palabras, una especie de comisario Villarejo. A la vez que la serie desarrolla ambas tramas, también se toma su tiempo para examinar las vidas privadas de sus protagonistas, todas ellas llenas de problemas, conflictos y comportamientos erráticos que no hacen más que acabar de complicar sus respectivas realidades.

Antidisturbios (Movistar+).

Estructuralmente, bien podríamos dividir sus seis capítulos en tres partes. Cada una compuesta por dos de ellos. En Antidisturbios se aplica de una forma más que eficaz la clásica contextura de planteamiento, nudo y desenlace. Poco a poco, con el paso de los mismos, los antidisturbios y la trama del desahucio van dejando paso a Laia y a su investigación. Sin prisa pero sin pausa, la serie nos conduce de forma brillante al momento en el que todo estalla: el final del cuarto episodio. Es entonces cuando descubrimos cual es su caso principal. La testosterona y las porras dejan paso a una compleja trama de corrupción inmobiliaria que Moreno y otro pequeño grupo de agentes llevaban tres años investigando en secreto. “Mañana me van a despedir. Por ti.” le dice este a Laia antes de llevarla al piso franco que sirve como su centro de operaciones. Esta frase refleja tanto la influencia de la gente que se han propuesto detener como los peligros a los que acabarán estando expuestos cuando ya no haya marcha atrás y todo empiece a salir a la luz. Los dos últimos episodios de la serie sirven como un intenso thriller en el que todo lo visto hasta entonces se pone en juego, incluso el futuro de los seis antidisturbios. Su resolución es plenamente satisfactoria, sin necesidad de hacer nada demasiado enrevesado ni complicarse la vida en giros innecesarios. Personalmente, la forma en la que se cierran las tramas abiertas durante sus seis episodios me parece casi inmejorable.

¿Ofrece Antidisturbios una mala imagen de la policía? La respuesta a esta pregunta me parece bastante obvia. Los agentes que vemos en la serie tienen casi todo lo malo que podríamos imaginar. Son violentos, machistas y racistas, aficionados a las drogas y a la bebida, dueños de unas vidas desestructuradas; chulos, prepotentes y propensos a abusar de su autoridad. Entre otras cosas. Cada uno tendrá su opinión sobre cómo son los de verdad, esos hombres y mujeres que patrullan a diario nuestras calles. Supongo que hechos como los ocurridos en Cataluña el 1 de octubre de 2017 no ayudan a que, en general, como sociedad, tengamos una buena percepción de las fuerzas del orden. Al fin y al cabo, una de las tareas de la ficción también es la de contar, aunque sea de forma subjetiva, lo que pasa a nuestro alrededor. A Sorogoyen siempre le han atraído los temas incómodos. Eso no es ninguna novedad. Por contra, creo que el director madrileño también ha logrado que el espectador se meta en la piel de estos agentes, sobretodo en el primer capítulo, cuando decide narrar el famoso desahucio desde su punto de vista, pidiéndonos que, al menos intentemos, comprender lo que implica tener que enfrentarse a situaciones tan tensas y problemáticas. El tema da para mucho y cada uno sacará sus conclusiones. Sólo faltaría.

Antes de dar por terminada la crítica, me gustaría dedicarle unas líneas a Vicky Luengo, el gran descubrimiento que nos ha obsequiado la serie. Su interpretación de Laia, personaje que se ha ganado por méritos propios el derecho a ser apodada por mi parte como la Carrie Mathison española, es una auténtica maravilla, en todas y cada una de sus escenas. Todas las felicitaciones que reciba, incluida mi humilde reseña, son pocas. Ojalá podamos seguir disfrutando de Urquijo durante más tiempo. Ahí dejo, en el aire, la idea de un spinoff.

NOTA DE LA TEMPORADA: 9/10.

MVP: Vicky Luengo (Laia Urquijo).

CAPÍTULO FAVORITO: Urquijo (1.06).

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