REVIEW: The Fall of the House Usher (Miniserie).
Un año más, siguiendo esta bonita y aterradora tradición iniciada en 2019, la segunda semana de octubre es sinónimo de Mike Flanagan. Es la fecha elegida por Netflix para el esperado retorno del aclamado cineasta estadounidense. Pero este año es distinto. The Fall of the House Usher es su quinta y ÚLTIMA serie para el gigante del streaming. Como ya sabréis, Flanagan firmó hace prácticamente un año (diciembre 2022) con Amazon Studios, por lo que Prime Video será la casa de sus proyectos a partir de ahora. Todo un golpe de efecto.
Las casualidades de la vida han querido que la nueva miniserie estrene sus ocho episodios este mismo jueves 12 de octubre, una fecha muy importante para los que hemos seguido su trabajo televisivo. Sí, ese mismo día, hace cinco años, se estrenaba The Haunting of Hill House, la serie con la que empezó una de las colaboraciones más exitosas del panorama actual. No se me ocurre una forma más icónica de cerrar el círculo. Nadie pone en duda que a día de hoy continúa siendo una de las mejores producciones originales de la historia de Netflix, igual que su predecesora, The Haunting of Bly Manor (2020), segunda y última serie de la pequeña y apasionante franquicia conocida como ‘The Haunting’. Luego vino Midnight Mass, aplaudida por muchos pero parcialmente discutida por otros tantos, seguida el año pasado de The Midnight Club, el único fiasco de la sociedad. Pero Flanagan no solo nos ha regalado dos de mis series favoritas de los últimos tiempos sino que también ha construido alrededor de ellas un extenso equipo de actores maravillosos, los otros grandes responsables de que sus trabajos recientes hayan tenido tanto éxito. Caras conocidas pero en distintos papeles, una fórmula que personalmente me encanta. Carla Gugino, Henry Thomas, Kate Siegel, Samantha Sloyan, T’Nia Miller, Rahul Kohli o Zach Gilford. Entre muchos otros. Lástima que perdimos demasiado pronto a Victoria Pedretti.
Obviamente, como no podía ser de otra manera, la mayoría de ellos también han participado en la serie que hoy nos atañe, La caída de la Casa Usher, descrita como una perversa historia de terror basada en las obras de Edgar Allan Poe. Os voy a dar ya el titular, antes de entrar en materia; otra para la colección, lo mejor que ha hecho Netflix en tiempo. Flanagan se despide con una vuelta a los orígenes, una perturbadora saga familiar en la que lo sobrenatural se mezcla de maravilla con el drama criminal más clásico y los elementos góticos más reconocibles para ofrecernos un obsesivo relato plagado de misterio que no para de crecer y crecer hasta estallar.

En ella, Bruce Greenwood da vida a Roderick Usher, el patriarca de una de las dinastías más poderosas -y malditas- del mundo. Él es el narrador de una historia que abarca varias décadas, una historia que cuenta como él y su despiadada hermana Madeline (Mary McDonnell), convirtieron la Farmacéutica Fortunato en un emporio de riqueza, privilegio y poder… y el precio que acabaron pagando por ello. En el presente, Roderick se cita con Auguste Dupin (Carl Lumbly), el hombre que lleva toda una vida luchando por llevarlo antes la justicia. Ha llegado el momento de pasar cuentas. Solos, con la oscuridad de la noche como cobijo y una copa de uno de los licores más caros del planeta en la mano, Roderick Usher va a contarlo todo. Sus seis hijos han sido brutalmente asesinados. Uno tras otro. Cierta noche aciaga, el cuervo llama a su puerta.
Como decía, la trama que sigue la serie transcurre durante toda la vida de los gemelos, haciendo especial hincapié en dos líneas temporales; finales de los setenta, época en la que unos jóvenes Roderick (Zach Gilford) y Madeline (Willa Fitzgerald) comenzaban a buscar su lugar en el mundo, y las últimas semanas del presente. También ponemos contexto a su escabrosa infancia y su inestable juventud pasando de forma más breve por las décadas de los cincuenta y sesenta, aunque el otro momento más destacado de esta historia es la noche de fin de año de 1980. Pronto sabréis por qué. Antes de que Roderick cogiera las riendas de Fortunato, era Rufus Griswold (Michael Trucco) quien dirigía la compañía; un tipo listo pero a la vez temerario, acostumbrado a salirse siempre con la suya. En un mundo dominado por hombres, sabía perfectamente que el poder y el dinero eran más que suficientes para manipular al resto a su antojo. Con el paso del tiempo la compañía se convirtió en imperio, gracias a la comercialización del Ligadone, un opioide equivalente lo que nosotros conocemos como OxyContin. Su devenir fue exactamente el mismo. Las mentiras, los fraudes, los engaños y el marketing fraudulento les hicieron multimillonarios, llevándose por el camino las vidas de miles y miles de pacientes que acabaron adictos a una droga que supuestamente no creaba ningún tipo de dependencia.

Ambiciosa como pocas, Madeline siempre fue el cerebro de todo. Desde el primer día. Con Roderick formaron un dúo irrepetible. En unas décadas lo consiguieron todo… y para lo poco que se les escapaba siempre podían confiar en el enigmático Arthur Pym (Mark Hamill), el fiel abogado de la familia, su mano derecha, un tipo capaz de llevar a cabo cualquier requerimiento de la forma más rápida y efectiva sin hacer preguntas. En los setenta, Annabel Lee (Katie Parker) fue el primer gran amor de Roderick Usher, y la madre de dos de sus hijos; Frederick Usher (Henry Thomas), el heredero del imperio pero el menos capacitado para tomar las riendas, y Tamerlane Usher (Samantha Sloyan), una mujer firme y emprendedora, la cual, consciente de que nunca será la elegida, decidió fundar su propia compañía de bienestar y salud. Neurótico, inseguro y celoso, Freddie está casado con Morella (Crystal Balint), una ex actriz y modelo cada vez más decidida a volver a disfrutar de la vida, mientras que Tamerlane está casada con Bill (Matt Biedel), un influencer del mundo del fitness con el que apenas comparte más que estrategia comercial y una afición sexual un tanto particular. No tienen descendencia, a diferencia de Freddie y Morrie, los padres de Lenore (Kyliegh Curran), la única nieta de Roderick y ‘la única Usher buena’.
Junto a ellos; Victorine, Nepoleon, Camille y Prospero, autodenominados ‘los bastardos’. Otros cuatro descendientes, hijos de cuatro de las múltiples amantes que Roderick coleccionó al largo de los años. Tras media vida dedicada a los demás, la mayor, Victorine Lafourcade (T’Nia Miller), lleva años trabajando junto a su pareja, la Dra. Alessandra Ruiz (Paola Núñez), en un revolucionario ensayo que no solo podría salvar muchas vidas sino que también podría ser la clave para lograr lo que desesperadamente anhela, la aprobación de su padre. En cuanto al resto, Napoleon ‘Leo’ Usher (Rahul Kohli) es un playboy dedicado al desarrollo de videojuegos cuya vida de abusos y desenfreno empieza a pasarle factura; un caso similar al de Perry (Sauriyan Sapkota), un jovencito que al tenerlo todo resuelto dedica sus días a disfrutar de la larga lista de lujos y posibilidades que su apellido le proporciona. La única que trabaja para la familia es Camille L’Espanaye (Kate Siegel), la relaciones públicas de los Usher. Bella, inteligente y calculadora, ha logrado salir del bucle y relanzar su vida… además de recolectar los trapos sucios de todos los que la rodean.
Bastardos o legítimos, sus realidades son bastante similares. Vidas opulentas de elecciones erráticas, gustos extravagantes, relaciones complejas y una recurrencia constante a drogas, sexo y demás escapes habituales con tal de olvidar sus miserias. Las expectativas son grandes e incluso acercarse a cumplirlas puede ser toda una odisea. Al final, la sombra de Roderick Usher es muy alargada y conseguir su beneplácito es complicado. Salvando alguna que otra distancia, Roderick podría mirarse tranquilamente al espejo de Logan Roy. Freddie sería una mezcla entre Kendall y Roman, mientras que Tamerlane es un buen equivalente de Shiv. Poco a decir del resto, Victorine, Leo, Camille y Perry son el primo Greg de esto; están ahí pero nadie de arriba es capaz de tomarlos en serio. Flanagan juega a ‘Succession’ y el resultado es impecable. Uno de los añadidos más destacables a su redonda fórmula habitual. Roderick siempre fue muy claro con su filosofía sobre ellos; llevar su misma sangre les abría las puertas y les garantizaba un sitio en la mesa, bastardos o no. Nunca fue un padre atento ni devoto, pero la familia es la familia.

Una de las cosas que mejor hace ‘La caída de la Casa Usher’ es llevar al espectador de viaje por los grandes misterios que oculta su historia. Sabemos que Roderick y Madeline pasaron de ser unos atormentados huérfanos que solo se tenían el uno al otro a las caras visibles de una de las dinastías más reconocidas de las últimas décadas, máximos responsables de una multinacional millonaria, pero no tenemos ni idea de cómo lo lograron. El bueno de Dupin empieza su charla con Roderick tan perdido como nosotros. Poco a poco, a través de su propia juventud y de las respectivas historias de sus hijos, vamos conociendo los detalles de una vida infame condicionada en todos los sentidos por la enigmática figura de Verna (Carla Gugino), la verdadera llave de todo. Flanagan siempre ha dejado las respuestas para el último momento… y aquí también lo hace. De una forma magistral. In crescendo. Se nota enseguida que ha escrito y dirigido la gran mayoría de la serie. Su sello es ya inconfundible. El cuento homónimo de Edgar Allan Poe sirve como una sólida base sobre la que edificar una reimaginación llena de referencias y reinterpretaciones de los clásicos del escritor estadounidense, desde ‘El gato negro’ y ‘El corazón delatador’ hasta ‘La máscara de la muerte roja’, ‘Los crímenes de la calle Morgue’ o ‘El entierro prematuro’. Entre otros.
Lo que tampoco cambia es el trabajo del reparto. Espectacular. Del primero al último. Serie tars series, Siempre me ha parecido muy llamativo lo bien que acaban encajando las nuevas adiciones con los rostros habituales de la factoría. En esta ocasión creo que me quedo con Carla Gugino y T’Nia Miller entre los veteranos. Sin querer desmerecer a nadie. Solo faltaba. Samantha Sloyan también me ha encantado. Willa Fitzgerald me ha enamorado y Bruce Greenwood me parece una elección muy interesante tanto como protagonista como narrador. Y Mark Hamill, Carl Lumbly o Mary McDonnell son veteranos que nunca fallan. Un lujo. La dirección es tan eficiente como siempre y el guion de Flanagan nos deja los grandes monólogos y las profundas reflexiones a las que sus producciones nos han acostumbrado. La banda sonora es otro regalo. Solo hay una cosa que no ha estado a la altura y esa es el CGI. A estas alturas y en una serie de esta calibre que además apenas debería usarlo es imperdonable que luzca barato. Y eso ocurre en más de una escena. El resto es casi perfecto. A Flanagan le encanta adornarse con los finales, estirando y estirando las resoluciones del último episodio, pero eso ya lo sabíamos. Lo compramos así. ‘La caída de la Casa Usher’ es una fantasía, capaz de evocar varios de los conceptos que encumbraron a ‘Hill House’ y ‘Bly Manor’. Aún no sé si me ha gustado tanto como ellas, aunque las comparaciones sean odiosas y probablemente innecesarias. Es buenísima. Con eso sobra.
NOTA DE LA MINISERIE: 9.1/10