“QUARRY : REDEMPTION”

REVIEW : Quarry 1×08 – Nuoc Chay Da Mon (Season Finale).

Hasta el momento sabíamos que el estado perturbado de nuestro protagonista estaba más que justificado, podíamos vislumbrar algo aterrador. Y sólo ahora en el último episodio de la temporada, Greg Yaitanes (Banshee) nos revela al fin la auténtica pesadilla que trajeron a casa Albert (Jamie Hector) y Mac (Logan Marshall-Green). Una misión contra el Viet Cong sin mucha lógica ni explicación, narrada en un plano secuencia de 10 minutos que te deja sin respiración delante de la pantalla : una incursión a una población pesquera que esconde,al parecer, armamento y enemigos por igual y que se desata en una macabra matanza con decenas de muertos inocentes. Se entrevé una mano oculta detrás de las decisiones del capitán, un montaje que ha ocasionado esta barbarie.

Estamos en 1972, la situación en perspectiva tampoco ha cambiado tanto, disturbios raciales, guerras e intereses por todo el mundo; un candidato demócrata, progresista y partidario de la paz, McGovern y uno republicano, radicalizado y  belicista, Nixon, se enfrentan en las elecciones. Un país que ni mucho menos era lo que los veteranos del Vietnam pensaban que sería al volver a pisar tierra americana, un sueño americano utópico que Nixon entonces y Donald Trump en esta última legislatura querrían devolver a un pueblo sediento de sueños. El conflicto racial es otro de los temas que sacude a una sociedad dividida, tan sólo han pasado cuatro años del asesinato del reverendo Martin Luther King, Memphis es una de las ciudades que más sufre este enconado odio. Vemos la problemática a través de los ojos del hijo de Arthur en el autobús escolar que les lleva a un colegio mixto. Parados a la fuerza por un grupo de enfurecidos racistas, acaba golpeando a un niño hasta casi matarlo. Estas acciones violentas ponen en alerta a la ciudad y se declara el toque de queda en los barrios marginales. Se siente el odio en las imágenes pero también el miedo.

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Quien convive a diario con ese odio y angustia es Joni (Jodi Balfour). Lo ve en casa en cada ataque de Mac, en cada delirio, en el colchón ensangrentado, en los discos de Otis Redding y Al Green desparramados en el suelo. Hay muchas cosas por explicar y hay heridas en ambos corazones que cuestan de cicatrizar. Después del secuestro y la huida, las mentiras y las omisiones se revelan; Joni se implica en la recaudación de la deuda contraída con El Bróker (Peter Mullan, que cada vez que sale empequeñece a los demás con su atemperada actuación) e intenta vender la casa, contrariando aún más a su marido. No queda más remedio que cumplir con los trabajos que le requiere El Bróker, Mac lo sabe y él villano continúa su presión sobre él: Linwood, el psicópata del autobús, muere de forma espectacular; Creedence (el rival en el tráfico de heroína) y toda su banda van cayendo en un desbocado final propiciado por el abandono de Buddy; el detective que le investigaba cae en el fuego cruzado… La deuda queda saldada y Mac cree que es el momento de un nuevo comienzo.

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Pero no, no ha acabado. Pese a todo, el vacío persiste, la desazón no le abandona y cada día que pasa Mac añora más la guerra. Un encuentro con un viejo conocido de la guerra reaviva la paranoia bélica de ‘Nam. Mac ve la oportunidad de acabar con su pasado, de redimirse. Volvemos a ver la escena inicial del piloto, ahora sabemos qué pasó realmente, qué atormentaba al protagonista. Lo que antes era pausa y contemplación, se vuelve desenfreno y confusión. Nada es casual en esta serie y el último capítulo es el paradigma de cómo cerrar el círculo, no quedan cabos sueltos y los resultados consiguen atrapar al espectador con la apertura de nuevas tramas. Si en el piloto Mac se sumerge en su piscina sin saber si saldrá a la superficie o tocará fondo, en los últimos segundos de la temporada Mac se enfrenta en una lucha de poder con el incontrolable Mississippi. Es su viaje al otro lado del río con la quiere simbolizar la lucha contra la incertidumbre, lo inevitable.

Si algo nos ha enseñado Quarry con esta primera temporada es que no existe una ecuación que iguale serie lenta con serie aburrida. El ritmo contemplativo de la narración tiene un porqué, un sentido justificado, una profundización en la psique del protagonista. Miradas, respiraciones, silencios, ensoñaciones o delirios frenéticos que nos abren el camino a comprender el estado mental de Mac Conway. Y para mostrarnos cualquier ápice de su personalidad una música excelente muy enraizada en Memphis acompaña en momentos de contemplación e introspección. El soul del gran Al Green u Otis Redding inundan una atmósfera sórdida y estremecedora con su característica calma que ironizan y actúan como válvulas de escape de una caótica realidad.

Una review de Sergi De La Cruz.

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