Quantico ha regresado con una estructura muy familiar. Igual que con su temporada inaugural, el primer capítulo de la segunda ha presentado un suceso futuro, para explicarnos después la situación tiempo atrás; concretamente un año antes. Es una fórmula que funcionó la primera vez, y da dinamismo a la trama, pero esta vez puede hacerse aburrido, especialmente porque las coincidencias no ocurren sólo en cuanto al salto temporal, si no que hay paralelismos muy claros en la historia que ocurre en el ‘pasado’.
La serie se retoma poco después del final de la primera temporada, Alex ha aceptado la oferta de Matthew Keyes (Henry Czerny) y trabaja de analista para la CIA, un puesto que la tiene aparcada en un escritorio. Está viviendo con Ryan y ambos tienen una buena relación con Shelby, aunque ninguno sabe el verdadero trabajo de Alex, creen que está en una empresa de seguridad. Las cosas con Ryan van tan bien que éste pretende proponer matrimonio a Alex una noche, pero la chica tiene que irse por culpa de un misterioso post-it y una llamada desconocida. Ha sido elegida para entrar en el programa de agentes de la CIA, la sorpresa de Alex es que, cuando llega al centro de entrenamiento, ‘The Farm’, se encuentra con Ryan, que también ha sido reclutado.
Miranda y Matthew se encargan de aclarar las cosas para la pareja. Ambos están allí como infiltrados del FBI para descubrir un grupo de agentes rebeldes que quieren repetir un ataque como el de la primera temporada, pero a gran escala, para que la CIA pueda volver a actuar con independencia de las instituciones. Pero antes, Alex y Ryan pasan varias pruebas, durante las cuales conocen a otros futuros agentes. Destaca Lydia (Tracy Ifeachor), que resulta ser una instructora infiltrada y es bastante crítica con Alex. El otro instructor es Owen Hall (Blair Underwood), que fue el encargado de elegir a todos los candidatos, y que resulta ser el padre de Lydia. Alex y Ryan entran en el programa, pero la cosa no ha hecho más que empezar. En cuanto al compromiso, Alex le pide a Ryan que espere a darle el anillo cuando acaben la misión.
Mientras tanto, un año después, Alex va a una reunión de líderes mundiales en el distrito financiero de Nueva York, y entra como ciudadana de a pie (aunque con esa serie nunca se sabe), va a ver a Ryan, que trabaja en con el Presidente de EEUU, para devolverle el anillo de compromiso. De nuevo fuera, la chica cree ver a una persona a la que mató y pide a Shelby que identifique una foto, pero se trata de otra persona. Justo entonces, múltiples explosiones alrededor de la zona de la reunión dejan el sitio aislado, y un grupo de atacantes duermen a todos los asistentes con un gas.
Se llaman Frente de Liberación de Ciudadanos (Citizens’ Liberation Front), y exigen que se libere sin cargos a distintos criminales, de lo contrario desplegarán un ataque biológico por todo el mundo. El Presidente se niega a negociar con terroristas, pero cuando amenazan con matar a su mujer, cede a liberar a un preso. Fuera de la sala principal, Alex investiga los hechos y encuentra varias máscaras y moduladores de voz hasta que se encuentra con un terrorista. Éste resulta ser uno de los compañeros de entrenamiento en la CIA, que le dice que no puede parar lo que ya ha empezado y se tira por una ventana. Mientras, los terroristas revelan que tienen infiltrados entre la multitud, y podemos ver a más reclutas de la CIA, aunque no sabemos si están o no implicados. El capítulo acaba con un golpe de efecto, la decapitación de la Primera Dama mientras se está transmitiendo por vídeo.
Una declaración de intenciones por parte de la serie, que promete subir el nivel de peligro para los personajes en este regreso. De momento hay pocas pistas sobre los atacantes, aunque sí que sabemos que hablan suajili sin ser nativos del idioma, algo que puede indicar que se trata de ese grupo de agentes de la CIA que Alex y Ryan tenían que destapar.
Un regreso prometedor, pero con un riesgo; a partir de la semana que viene, comienzan los entrenamientos de la CIA, y la serie tiene el peligro de caer en la misma monotonía de la primera temporada. Si los guionistas son capaces de explicar la misma historia con otro enfoque les podría funcionar, si no esperemos que la trama del ataque terrorista sea suficiente como para mantener enganchados a los espectadores.

