«EL FLASHBACK DE LA JUSTICIA – CASTLE 8X13»

Una semana más, vuelve Castle a la televisión, convirtiéndose en nuestra ruleta rusa favorita de todos los lunes. ¿Hoy tocará un buen capítulo o un desastre de Barry O’Brien? Pues bien, en este, el 13 ya, ni lo uno ni lo otro.

Hay algo en este capítulo que lo hace simpático. Considero que no es una sola parte en especial, como pudo pasar la semana pasada, sino todo el conjunto. En esta ocasión, el caso parece de lo más mundano: un cuidador de zoo aparece asesinado y los sospechosos principales son sus compañeros de clase de inglés, todos inmigrantes. Al final, el FBI, un juez federal y narcotraficantes salvadoreños terminan metidos en el ajo, todo para un final que era bastante evidente. Y es que, comprenderéis que, tal y como esta el patio en USA con el xenófobo de Donald Trump pugnando por ser presidente, el asesino no podía ser un extranjero. Ellos, como bien dice una gran Martha al final, son los que han hecho ese país, y lo demuestran ayudando a Castle a resolver el entuerto. Ese mensaje, cargado de buena intención, convierte el capítulo en algo dulce con un mensaje blanco que me ha pillado de buenas y que he comprado a base de bien. Parece que siempre vamos a mirar a los inmigrantes como los culpables de todas las desgracias y corremos el riesgo de equivocarnos estrepitosamente.

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También tengo que decir que hay momentos humorísticos muy buenos. No podría ser de otra manera apareciendo Pelmuter. ¡Ay Pelmuter! ¡Me tienes loca! Por supuesto, el forense le dice a Beckett lo muchísimo que se alegra de que se haya deshecho de Castle. Según él, el escritor no la merecía en absoluto, por ir de chulito y de guapito. Eso no es un hombre de verdad, dice. Ella necesita alguien como su hermano gemelo Edgar. Igualito, igualito que él. Pelmuter, no nos la cuelas. No hay ningún hermano. Si a ti Castle te lleva cayendo tan sumamente mal desde el principio no es porque vaya de profesional cuando solo es un escritor, es porque estabas loco por Beckett desde el minuto uno. Si para mí que hasta te has hecho hipster por ella, dejándote esa barba que te queda tan estupendamente. Eso sí, lo siento mucho, pero no os shippeo en absoluto. No te lo tomes a mal. Las expresiones de Stana durante la escena son la mar de graciosas y él está francamente soberbio en el momento en el que le dice dónde puede encontrar objetos punzantes para defenderse de Castle. Genial. Me alegro de que Lanie esté de vacaciones, a ver si así vuelve con algo más de vida. Y con otra línea de texto que no afirme que algo está muerto.

Otros dos momentos bastante interesantes los protagonizan Ryan y Espo. El primero, por supuesto, el interrogatorio al Geordie que habla un inglés que solamente solo entienden su madre y Hayley. La detective tiene que ayudarles a traducir lo que dice y las caras de ellos son como las de mi profesora de euskera cuando intentaba entendernos al chapurrear: una mezcla de estreñimiento crónico y visión de ángeles caídos. Además, la cara de no haber roto nunca un plato que pone ella durante la conversación ayuda muchísimo al resultado final de semejante cuadro. Es una manera de demostrar que no hay que ser físicos para resultar cómicos, aunque luego vaya Castle y tire todo lo que hay encima de la mesa al ponerse la chaqueta. A ver, el hombre nos conquistó porque es un metepatas situacional, no el hermano menor de Fofito. No hace falta que se tropiece todo el rato o rompa cosas. Sin ir más lejos, Nathan borda con sus caretos la presentación de Jean Luc en la clase y ahí no mete la pata, solo resuelve situaciones contradictorias. Es todo mucho más natural  y más interesante.

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El segundo momento protagonizado por Ryan y Espo es cuando se están quejando en la estación del día tan chungo que llevan y, de repente, les empotran contra el suelo una veintena de policías del FBI sin comerlo ni beberlo. Ha tenido su punto, sí, aunque nosotros llevamos meses pidiendo otro tipo de empotramiento y ese brilla por su ausencia, por lo menos, de este modo, hemos podido comprobar que este par no son el par de payasos histriónicos sin fundamento que nos llevan presentando meses.

Hablando de las escenas sensuales que NO suceden, lo de este matrimonio ya es hacer aguas por todas partes. Es en la línea del Caskett en la que la coherencia brilla por su ausencia en este capítulo donde, en mi opinión, era más importante que nunca mantenerla. Para empezar, la buena mujer se pasea como Peter por su house por el loft, cuando allí vive, por lo menos, Alexis. En la última escena vemos que, incluso, se queda a dormir. ¡¿Y las otras dos mujeres Castle no saben nada de nada del asunto?! VENGA YA. Si hasta el tipo inexpresivo del FBI sabe que el escritor es “el marido” a Beckett y da más que por sentado que están colaborando juntos. Me parto de risa solo de pensar que ahí estarán los de Loksat, los tíos al parecer más inteligentes de todo el universo de la serie, que han sido capaces de burlar a la Capitana durante siete temporadas, pensando que, en verdad, existe una separación. ¡Esto pierde lógica por segundos! La inteligencia delictiva de Estados Unidos está cayendo en picado. Recordemos que también se la colaron a Rita. En resumen, tienes que ser de una organización de espías para que el matrimonio Castle te parezca oficialmente peleado y separado porque, de lo contrario, no lo veras. Es como los espejismos del desierto, que solo los ven los sedientos o los lipotímicos.

Para más inri, de repente, al probar unos fideos, al escritor le vienen recuerdos de que, durante su desaparición estuvo en Corea. Creo que, si no es el flashback más cogido por los pelos que he visto en mi vida, se le acerca bastante. Digo yo que los fideos no tendrían setas alucinógenas en la receta. ¿Y el qué hace? Pues empieza a contárselo a Beckett, pero como a ella le interrumpen con el caso, en vez de esperarla, se larga a toda prisa a comprar 400 dólares de comida oriental a ver si le vienen más recuerdos. Hacer el chorra de semejante manera es humano, para qué lo voy a negar, pero no hago más que pensar que el Castle de hace un par de temporadas hubiese esperado a conocer la opinión de su mujer sobre algo que para ellos simboliza tanto. No se nos ha olvidado lo que sufrió Kate con la desaparición. A mi todavía se me encoge la patata. Por lo menos, lo salvan cuando él le dice que se quiere ir a Corea a investigar y que ella tiene que ir con él. La incluye. Bien despejada la que podría haber sido una cagada monumental.

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Al final resulta que de Asia nada, monada, que lo que estaba viendo en el flashback eran Los Ángeles y esta decidido a desplazarse allí en el siguiente episodio. Lo que no sé es cómo lo van a hacer para justificar que viaje sin ella. Porque sí, se va sin su mujer pero con todo el resto de la tropa Goofy, o sea, Hayley y Alexis. ¿Podría haberse aprovechado para hacer una referencia al anterior episodio de L.A. que hubiese hecho que los fans explotasen de la emoción? Sí. ¿Se va a hacer? No. ¿Tienen algo que ver en eso motivos ajenos al guión y propios de contratos subidos de ego? Pues claro que sí. Y eso es todo lo que voy a decir sobre este tema. Al menos hoy.

Otro asunto que le agradezco al guionista de esta edición, Adam Frost, es que haya sido capaz de espaciarnos el Caskett tan bien que apenas se note que solo están juntos 10 minutos en el mismo plano. Mucha llamada telefónica, pantallita y truquitos para intentar paliar lo que otros han impuesto. Y me gusta la normalidad con la que los pone hablando en el pasillo de la comisaría, viendo un interrogatorio y comentándolo, charlando en el loft (aunque esto sea raro, como ya he dicho)… Si no fuese por Loksat, cualquiera podría decir que este episodio es de la temporada siete antes de que Amann metiese la pata y sería más que creíble. Lo ideal sería que compartiesen más momentos, pero si todo puede fluir así de bien, dadas las circunstancias, lo compro. Eso sí, la química ya es otro cantar y Cuatro no nos hace ningún favor reponiendo la segunda o la tercera temporada. No resiste la más mínima comparación.

Por favor, POR FAVOR, que vamos muy bien. A ver qué hacéis la semana que viene, porque, para mí, tenéis doble misión: darle buena continuidad a la desaparición de Castle y no hacer que Summer Glau tenga un papel bazofil. La tengo mitificada desde Firefly, era mi debilidad, así que ahora no podría soportar que me la destrozarais. Y sí, te miro a ti Alexi, que eres al que le toca escribir. De todas maneras, llega el momento de cruzar los dedos, porque lo que mal empieza, mal acaba y no veo buena solución a una trama que, en su momento, fue una auténtica calamidad. En la siguiente review os cuento.

Cuestiones de vital importancia que merecen respuesta: ¿Por qué Castle, perdón, Jean Luc, tiene que llevar una camisa tan sumamente hortera? Casi agradecí cuando volvió a la azul. ¿Cuál es exactamente el papel de Hayley en la oficina de Castle? ¿Cobra sueldo? ¿Le dan un plus cada vez que tiene que ayudar a la NYPD a resolver algo? ¿Alexis de dónde saca tiempo para hacer 435 cosas a la vez? Seguro que es estudiante de Hogwarts y le han prestado un giratiempo, de lo contrario, no se explica. ¿Alguien puede pegarle una patada en sus partes al tío del FBI a ver si así se le cambia la expresión?  ¿A qué venía la escena random con la batería? ¿Por qué Beckett lleva un eyeliner perfecto mientras duerme? ¿No sabe que es malísimo para los ojos? ¿Por qué la estupidez de no besarse ante un muerto? Si se pasan la vida rodeados de ellos. ¿Tan cutres son Castle y Hayley que preparan una trampa para el juez y les pilla el teatro? Vaya profesionales… ¿Por qué serpientes? ¿Qué necesidad había? Yo no se la veo.

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