Por fin, tras un piloto filtrado, imágenes promocionales y otros desaguisados típicos de la televisión americana, hemos podido tener la oportunidad de conocer a Kara Zor-El, más conocida como Supergirl, la prima menor (por circunstancias, no por edad real), de Superman.
He sido de las pocas, creo, que ha esperado a la emisión real para verlo, que no se ha spoileado y que ha querido dejar que el innegable carisma de Melissa Benoist la envuelva sin contaminarse de opiniones externas. Sinceramente, son ella y su amigo friki Win los que salvan el cotarro de estar repleto de interpretaciones anodinas a los que no salvaría ni Ángel Llacer gritando aquello de “¡Sácalo!”. Me ha decepcionado especialmente Alex, la hermana de la protagonista, a la que esperaba, por los trailers, mucho más expresiva y cañera, el contrapunto a una Kara que, claramente, aunque sabe bien de dónde viene y los poderes que tiene, en la vida cotidiana es una niñita fresa y ninguneada. Es esto precisamente lo que otorga cierta variante de humor a la vida de Supergirl, quien, realmente, en eso se diferencia de su primo. Si algo le he echado en cara a Superman toda la vida es que se toma a sí mismo demasiado en serio. Un tío en mallas azules persiguiendo malos por la ciudad con los calzoncillos por encima… pues qué queréis que os diga. Sin embargo, esta chavala es una torpe fenomenal, es consciente de ello y lo demuestra casi cada minuto. Espero que valoren y exploten esta parte, puede ser divertida. Una persona con superpoderes maltratada al estilo «El diablo viste de Prada» por su jefa psicópata es una ironía que no quiero perderme.
Luego, por otro lado tenemos la típica historia de amor de “cómo quieres que te quiera si el que quiero que me quiera no me quiere como quiero que me quiera” entre el amigo, Kara y el fotógrafo. Chica, te entiendo, el mozo está de buen ver y menuda sonrisa tiene, pero en el primero que confiaste para contarle lo de tus superpoderes cuando pensaste que tu hermana te había dejado colgada fue en el bueno de Winslow. Eso quiere decir algo. Preveo un claro conflicto entre atracción y lealtad que puede saldarse en que el fotógrafo se líe con la hermana, sea gay o más malo que la tiña. Cualquiera de las opciones, aunque estén más vistas que las monedas de cinco céntimos, me parece decente. Venga, ánimo.
Los efectos especiales merecen un capítulo aparte y es que las veces que he visto a Melissa volando sobre un croma colgada de una cuerda han superado con creces las que me he deleitado con Supergirl patrullando la ciudad. Y la super velocidad mientras pelea también da bastante penita. Entiendo cómo funciona el presupuesto en estas cosas y sé que tengo tendencia a creer que si una producción viene de USA, el nivel técnico estará a una altura espectacular, pero no es el caso. La escena del avión ha sido del todo increíble por lo nefasta. He estado todo el tiempo en la sala de montaje mientras la veía. Se notaba mucho lo que estaba hecho por ordenador y lo que era real o un juego de imagen. Eso hace peligrar la serie por su credibilidad interna. Necesitamos interiorizar que Kara vuela y que tiene super poderes, así que si, de lo mal hecho que está, pensamos que es mentira pues apaga y vámonos. Mucha culpa de este tema siempre tiene una dirección amateur o mal enfocada, así que es posible que en el siguiente capítulo mejoren las circunstancias.
Fuera de que quizá la super heroína se salga de la ortodoxia del ser intachable e inmaculado, la serie parece haberse encaminado a la típica batalla entre el bien y el mal. Imagino que Supergirl frustrará un plan malvado por episodio y que la línea argumental principal quedará en familia. Pueden plantearse bastantes preguntas sin respuesta que han quedado en el aire tras el piloto. La tipa que aparece al final es el punto sobre el que va a girar el misterio que todavía necesitan crear. Me ha dejado mal sabor de boca el hecho de que, en el primer capítulo, la intriga ha sido mínima. Ya ha muerto el primer contrincante de Kara y no nos hemos empapado de algo que no sea el “plan para conquistar el mundo” que tienen los seres chungos que se escaparon de una prisión galáctica. Me falta un poquito más de implicación, de vidilla, para terminar de engancharme. Creo que el grupo de estudio alien que ha aceptado a nuestra protagonista puede dar mucho juego en ese sentido. A fin de cuentas, alguien, por muy especial que sea, no puede actuar solo. Necesita un equipo, alguien que le respalde y ahí están ellos, que de momento solo son dos: la hermana inexpresiva y el jefe don “me caen mal los extraterrestres”. Sé que estamos en crisis, pero yo que vosotros contrataría a alguien más, porque me da que la chiquilla os va a meter en algún que otro problema.
Y, a todo esto, Supergirl no deja de ser una americanada tópica, ya no solo por lo que decía de la recurrente lucha entre blanco y negro, sino por el tema de los valores. Me explico: la primera vez que Kara lucha contra el tipo del hacha, el muchacho le da una paliza monumental y ella ni lo roza, como quien dice. Eso sí, tras charlar con su hermana y que ella le suelte cuatro estupideces manidas, nuestra heroína aprende a pelear estupendamente e incluso sus poderes se renuevan. Porque, claro, Supergirl, gracias a la buena de Alex, consigue creer en sí misma y así derrota a tipos que la doblan en tamaño, peso y destreza. No sé si de pequeños veíais la serie de dibujos de Yugi Oh. A mis primos les encantaba, y cada vez que el protagonista decidía creer en el corazón de las cartas (sí, la cosa iba de un juego de cartas al estilo Magic), le salía justo la que necesitaba para aplastar a su adversario. Cada maldita vez. Al principio es un subidón, pero si van a seguir por ese camino, voy a terminar deseando que algún psicópata fugado de cárceles espaciales la atice hasta la saciedad por rancia.
Esto es lo que me da miedo: todo es guay, todo es políticamente correcto, todos son o muy buenos o muy malos, nadie dice un taco, nadie hace nada que te sorprenda, te exaspere, te vuelva loco o te emocione soberanamente. La escenografía es brillante, luminosa y fantástica de la muerte. Cliché. Cuando ha terminado, lo primero que he pensado ha sido “pues muy bien”. Ni fu ni fa. Ni chicha ni limonada. O me dan algo más o me pierden. Los valores de los superhéroes clásicos murieron definitivamente con el Batman de Christopher Nolan. El público de ahora necesita más. Mucho más. O tiran por la vertiente oscura o por la cómica, pero el equilibro políticamente correcto que llevan ahora mismo es insostenible.
Cuestiones finales de vital importancia: ¿El volumen de las cejas de Kara disminuye según aumenta de edad? Porque, tanto de pequeña como de mayor las tiene delineadas de peluquería. ¿Por qué si llevan no sé cuántos años estudiando las consecuencias de que Kara llegase a la Tierra allí hay cuatro monos trabajando? ¿Por qué la Calista Flockhart no mueve la cara? ¿Es el botox o es que ya se le ha olvidado cómo actuar? ¿De dónde sale el uniforme de Supergirl? ¿Resulta que Winslow también cose? ¿Y por qué no se rompe? ¿Una faldita a lo Sailor Moon es REALMENTE lo más práctico para luchar contra el mal fuera de la pervertida mente de un dibujante de cómic? Cuándo te quitas el coleto mal puesto y te pones el traje ¿milagrosamente adquieres un pelo de estilista fabuloso y otro maquillaje diferente? Eso tengo que probarlo. ¿Tan fácil es llevar un disfraz de ingeniería azul oscuro bajo una blusita clara sin que se note o transparente? ¿Es cosa mía o estaban todo el rato intentando evitar el nombre de Superman y era sumamente artificial? ¿La S y el Daily Planet no tienen copyright millonario?



Aburrida a mas no poder y mira que amo este tipo de series.. Con Agents of Shield decidí darle una oportunidad y valió la pena pero a esta serie no le veo futuro… Aburrida, previsible, llena de clichés y con una protagonista sin carisma (lo siento difiero contigo) Cosas que se pueden pasar por alto por separado pero todas juntas no auguran nada bueno… Lo siento, con tantas series buenas en parrilla no voy a desperdiciar mi tiempo..
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