Hubo tres temporadas en las que Homeland era la serie de Carrie y Brody. Todo giraba en torno a ellos, dejando poco espacio para otras tramas. La muerte de Brody al final de la tercera temporada ha permitido cambiar eso y ha transformado la serie hasta el punto de volverla mucho mejor de lo que era antes. Es cierto que hubo gente que se bajó del barco en aquel momento, porque lo cierto es que era algo que se veía venir viendo cómo se iba desarrollando la serie.
Nota: el artículo contiene spoilers de la quinta temporada, incluido el episodio 5×04 (emitido en la madrugada del domingo al lunes).
Sin embargo, aquel movimiento previsible nos ha permitido ver una Homeland que ahora vive en otra dimensión mucho más profunda. Tanto es así que parecen dos series diferentes, pues apenas ha habido mención a Brody desde entonces. Sólo en una alucinación de Carrie durante la tercera temporada hemos podido verle de nuevo. Personalmente, me parece mejor así. Especialmente porque los personajes que todavía quedan son capaces de ofrecernos grandes momentos (y, además, nos hemos librado de su familia).

La serie se ha convertido en algo mucho más grande que el personaje de Carrie, quien sigue siendo, no obstante, el activo más valioso de la misma. A ello ayudan los personajes que con ella se relacionan, pero que también hemos podido ver fuera de dicha relación. Me refiero especialmente a Peter Quinn. El actor Rupert Friend ha sobresalido en su interpretación y es, sin duda, uno de los mejores personajes de la serie. Un hombre capaz de asesinar a alguien mirándole a los ojos, haciendo parecer que no tiene sentimiento; pero que es capaz de poner su propia vida en riesgo para salvar la de Carrie. También hemos visto desarrollarse una trama sobre la filtración de documentos de la CIA y su acuerdo de espionaje con Alemania. Y hablando de la CIA, hemos podido ver cómo mueven los hilos para cambiar un dictador, sí; pero también los conflictos internos que en ella hay y como no se duda en clavarle un cuchillo en la espalda a alguien si es necesario para mantener el puesto de trabajo.
La decisión de dar un salto temporal entre temporadas nos ha puesto en un nuevo plano. Carrie ya no es agente de una CIA en la que Dar Adal y Saul toman las decisiones relevantes, sino de la Düring Foundation, una firma de seguridad privada. La acción se produce mayormente en Berlín, en la que encontramos nuevos personajes que todavía tienen un papel por jugar o que lo han jugado ya, como Laura Sutton (Sarah Sokolovic), que es quien pública uno de los documentos filtrados de la CIA. Todavía nos queda por ver qué influencia van a tener en la historia Numan (Atheer Adel), hacker que consigue –por accidente- los documentos de la CIA, o Allison Carr (Miranda Otto), jefa de la CIA en Berlín, quien parece haber ordenado el asesinato de Carrie por parte de… Peter Quinn.
Podemos decir que Alex Gansa y Howard Gordon han conseguido transformar a Homeland en algo mucho más grande que las vivencias de dos personas, primero, y de Carrie después. La (previsible) decisión al final de la tercera temporada, con la serie en su punto más bajo, ha conseguido girarla 180 grados y ponerla en el rumbo correcto. Se ha transformado en algo imprevisible y capaz de sorprendernos y de desarrollar tramas importantes más allá de la principal. Estoy esperanzado en que la quinta temporada será incluso mejor que la cuarta, que rayó a un nivel brillante incluso en un último capítulo que fue más tranquilo, pero que nos dejó la sorpresa final con Saul y Dar Adal. De momento, la quinta temporada ya nos ha dejado varias. Y en los ocho capítulos que quedan tendremos muchas más.
Y es que, por suerte, Homeland es más que Carrie.
