Cada verano nos trae una sorpresa. El año pasado fue The Divide y este año ha sido UnReal. Tras un brillante piloto, la serie de Lifetime nos ha conquistado, durante las diez últimas semanas, a base de sus historias, manipulaciones y del gran papel de sus actrices principales, conviertiéndose, para muchos, en la serie del verano.
UnReal no es sólo una excelente exploración oscura al mundo de los realitys de citas, sus méritos van mucho más allá de eso y de haber conseguido construir una trama tan sólida como adictiva. Durante estas últimas semanas, UnReal nos dado una clase magistral de lo que es una verdadera anti-héroe femenina, algo que, por desgracia, no es demasiado habitual de ver. Quinn es una zorra de manual y Rachel una psicópata manipuladora ¡pero nos encatan!
Antes de estrenar la serie, Marti Noxon y Sarah Gertrude Shapiro, creadoras de la misma, mencionaban, muchas veces, a Breaking Bad como una de sus inspiraciones e incluso bautizaron a UnReal como la Breaking Bad de Lifetime. En su momento, no entendí muy bien esa comparación, pero a día de hoy me parece acertadísima. Salvando las distancias (cada uno en su mundo), Rachel Goldberg no tiene nada que envidiar a los grandes antagonistas televisivos, es más, sólo ha necesitado una temporada para hacerse un lugar en la cima de estos.
Shiri Appleby, con unas actuaciones de Emmy (¿acaso no está al nivel de las actrices de Empire?) ha dado vida, de forma magistral, a uno de los personajes más geniales que hemos visto recientemente. Pese a su cerebro retorcido y a sus planes destructivos, todos hemos amado a Rachel desde el primer minuto. Todos esperábamos ver a quien le jodía la vida en el siguiente capítulo. Teníamos delante a una bitch de las auténticas, una chica que pese a ser consciente de la repercusion que traía cada una de sus acciones, no se lo pensaba dos veces si eso era lo que tocaba y en cambio, no podíamos vivir sin ella.
El gran logro de UnReal, no es sólo haber construido a Rachel. sino el de habernos dado una doble dósis de ella con Quinn. El trabajo hecho por Constance Zimmer es otra cosa digna de admiración. Creo que nunca había visto a alguien encarnar un papel así con esta clase. Ella fue como Rachel un día y ahora es la productora principal del reality y una experta en el arte de la manipulación de los demás.
Si Rachel nos ha dado escenas magnificas, Quinn tampoco se queda corta. La primera se mueve por el mundo de las cámaras y demás de la misma forma que lo hace la segunda en el mundo de los despachos.
No me olvido de personajes como (sobretodo) Chet (Craig Wilton), propietario de la marca que le ha dado un toque desenfadado y más humorístico a la serie, cuando lo ha necesitado, siempre dentro de su propio drama, por supuesto, Las chicas, especialmente Johanna Barady (Anna), Jeremy (Josh Kelly), el propio Adam (Freddy Storma), todos los actores han estado a un nivel más que aceptable.
En la season finale, tras ser plantada bajo la lluvia por Adam, con el que iba a vivir su propio cuento de hadas, Rachel se propuso hacer la mejor season finale de la historia de Everlasting, con una gran idea, fruto de la frustración y el darse cuenta que su historia con Adam era tan irreal como el de las concursantes del programa. Rachel hizo que Adam confesara que no estaba enamorado de Anna, la que, tras escucharle, decidió humillarle, dejándole plantado en el altar delante de los millones de personas que estaban viendo el programa.
Tras semanas conociendo el lado positivo de Rachel, o la parte menos negativa, Adam sucumbió ante su plan definitivo, quedándose de la misma manera que llegó al programa, sin nada y con una reputación por los suelos. La fantasía fue demasiado bonita mientras duró.
La última escena del capítulo, con Rachel y Quinn sentadas en esas hamacas, intercambiando sensaciones, copa de cava en mano, fue el final perfecto para una temporada fascinante. Esa secuencia, en dos minutos, nos describe la serie a la perfección, además de meternos, una vez más, en las oscuras mentes de la pareja protagonista.
Ambas hablan del suicido / muerte de Mary con un cínismo que llega a dar hasta medio. Rachel cierra con una «just no murder next season» como si de una broma se tratara. La indiferencia que muestran ante este tipo de situaciones, es otra de las grandes genialidades de estas mujeres. La charla termina, mostrándonos a Rachel, con una mirada, mitad desquiciada, mitad psycho, que me hace preguntarme si esta vez ha cruzado demasiado el límite… ¿hay vuelta atrás para ella? ¿se ha pasado definitivamente a la oscuridad?
La espera se hará larga… ¿qué nos deparará la segunda temporada?



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