Chicago Fire 2×14 – Review

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Chicago Fire 2×14 – Virgin Skin (SPOILERS)


Anteriormente en Chicago Fire…
Casey recibió otro golpe en la cabeza que le causó una hemorragia en el oído; Dawson pilló a Jones haciendo trampas en el examen en la academia de bomberos; Katie y Otis iban a dar un paso más en su relación; Vince Keeler secuestró a la hermana de Severide.

Creo que todos sabemos la forma tonta y rápida que tienen de quitarse tramas y gente de encima en Chicago Fire. Y por supuesto, en este capítulo no ha sido diferente.

Empezando por la hermanastra de Severide.
Conocimos a Katie hace 7 capítulos y desde el principio me pareció un personaje sacado de la manga que no venía para nada al cuento. Pero otra vez, estamos hablando de CF.
Aunque sí me gusta cómo han desarrollado la relación entre Severide y Katie. Una cosa no quita la otra. Pero todavía me pregunto por qué decidieron emparejarla con Otis y no con PeterMills, ya que a ambos les gusta cocinar y más o menos tienen la misma edad.

Como decía, el capítulo anterior nos dejó con el cliffhanger de Vince Keeler y su colega secuestrando a Katie. Esta semana, gracias a Severide, Lindsay, Antonio y Voight, han tardado 10 minutos en encontrarla, y 35 minutos en decirnos que se va a Colorado.
Pero parece que hará como Terminator y volverá.

En cuanto a Keeler, el tío ha quedado en libertad a pesar del secuestro y la violación, algo que a Lindsay no le ha gustado, y a Severide mucho menos.

La siguiente en caer ha sido Donna, la novia de Boden. Después de salir a cenar con unas amigas de ella y mencionar sin querer que tiene un hijastro de su segundo matrimonio, Boden decide que lo mejor es cortar con Donna antes de joder la relación y hacerle daño.
No puedo ser la única a la que estos dos les parecían muy monos juntos.

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Otros que también son muy monos juntos son Casey y Dawson.
A Casey le han dejado claro que otro golpe en la cabeza podría ser fatal, y ésta vez sí se lo ha contado a Dawson. Por su parte, ella termina con un esguince en el pie al enredársele la manguera mientras subía las escaleras, justo cuando estaba a punto de terminar la prueba antes de los siete minutos. Y aunque ayudó a Jones cuando se le enganchó la manguera, ella no ayuda a Dawson cuando se cae. Porque es así de maja.
Después nos enteramos de que Rebecca Jones es la nueva candidata para entrar en el “team Casey”, por así decirlo. Vamos, que es la nueva PeterMills.

Como primer caso de la semana tenemos a Casey y Clarke salvado al trabajador de una fábrica al que se le había quedado el brazo atascado en el hueco de la cinta, con Casey a punto de caer desde un par de metros de altura. Y como segundo tenemos a Otis y su momento de gloria al sacar a una chica de un coche (con una moto de nieve atravesando el maletero y parte del asiento trasero) poco antes de que éste ardiera.

Amo mucho a Leslie Shay. Eso es así y punto.
Por fin se ha estrenado como nueva propietaria, y por lo tanto camarera, del Molly’s.
Y qué mejor forma que preguntándole a dos jugadores de los Blackhaws (a los que ni siquiera conoce) amigos de Clarke, que si quieren otro vaso de leche, e indignándose cuando le dejan de propina dos entradas para uno de sus partidos. Shay, mujer, ¿qué formas son esas? Deberías haberles preguntado si querían Oreo para acompañar el vaso de leche.

A ella la da igual que sean jugadores de hockey o no, y quiere vender las entradas para comprarse unos zapatos nuevos. Pero cuando por fin nos desvelan que el “proyecto secreto” en el que los chicos han estado trabajando en estos últimos capítulos era una nueva biblioteca para el colegio de Nathan (el chico de la excavadora), Shay decide rifar las entradas y usar ese dinero para comprar libros para la biblioteca. Aun así, Brent Seabrook y Duncan Keith vuelven a dejarle de propina otras tantas entradas para el partido.

Ni siquiera voy a comentar lo muy perfecto que llevaba el pelo en esa escena, porque me daría para varios párrafos. Pero sí voy a comentar que por un momento pensé que iba a ponerse a bailar encima de la barra a lo Bar Coyote. Hubiera sido un puntazo total.

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¿Recordáis cuando en el capítulo anterior propuso hacer un “lesbian night” en el Molly’s?
Pues parece que ahora ya no está tan segura porque, según ella, las lesbianas beben poco y haría falta que el local se llenase para obtener beneficios. Ya empezamos a desaprovechar ideas. Con lo guay que sería ver a Shay bailando encima de la barra en la “lesbian night”.
Estaría más molesta si no fuera porque lo de Shay preguntándole a Rafferty si estaba pensando en salir del armario me ha hecho demasiada gracia.

Todo eso ha sido mientras iban a atender a un hombre con un edema pulmonar y bastantes tonterías en la cabeza. El tío no quería ningún tratamiento médico por razones religiosas, y yo no voy a meterme en ese tema porque no me da la gana.
El caso es que aunque Shay dice que no pueden atenderle sin su consentimiento, Rafferty interpreta uno de los movimientos del Señor Religioso como un asentimiento de cabeza, y a pesar de salvarle la vida, deciden suspender a Rafferty durante tres meses.

Lo de quitársela de encima de esta manera no me ha gustado nada, pero me ha encantado la última escena Shafferty. Ha sido bonito ver a Rafferty despidiéndose de Shay, diciendo que no le vendrá mal estar un tiempo sola, y que además, seguramente tarde o temprano hubieran tenido una super pelea, y aquello hubiera acabado en un divorcio horrible y tal.
Pero por ahora la cosa ha terminado en una conversación formal y con un abrazo.

Rafferty empezó cayéndome mal por esa sobradez y esa cara de asco con la que miraba a Shay, pero cambié totalmente de opinión cuando justo después empezaron a picarse la una con la otra, convirtiéndose en amienemigas. Y aunque estoy encantadísima de la vida con volver a tener escenas Shawson, espero que Rafferty regrese a la Estación 51. Y pronto.

Quién sabe, igual les da por traerla de vuelta en los últimos capítulos y hacerla regular para la próxima temporada, que no descarto que empiece con Dawson volviendo a hacer las pruebas, superándolas, y convirtiéndose en bombera, y dejándonos el cliffhanger navideño con ella herida, para seguir con la tradición. O yo qué sé.

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