Chicago Fire 2×12 – Review

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Chicago Fire 2×12 – Out With A Bang (SPOILERS)


Anteriormente en Chicago Fire…
Casey regresa a la Estación 51 seis semanas después de su accidente intentando convencer a sus compañeros de que está bien, aunque no recuerda la combinación de su taquilla; Shay tiene una nueva compañera, Allison Rafferty, ya que Dawson está en la academia de bomberos, donde también hay otra chica llamada Rebecca Jones.

La semana pasada, Casey comenzó a trabajar en un proyecto secreto.
Esta semana tampoco hemos sabido de qué se trataba, aunque sí nos han contado que necesitan un camión para trasladar la madera. Pero a Mouch le da igual lo del camión, él está más preocupado en saber si ahora que PeterMills ha entrado en el Escuadrón, seguirá haciendo la comida o no. Cuando Severide les dice que su hermana Katie se encargará de prepararles la comida hoy, Otis pone una cara rara de la que sólo Shay parece darse cuenta, y le explica a Otis lo que le pasará si le rompe el corazón a Katie.
Ésta es una de las 5 razones que Shay nos da en este capítulo para adorarla aún más.

Igualmente, cuando Katie llega, Otis se arma de valor y le pide permiso a Severide para salir con su hermana. Severide en un principio se pone todo en plan hermano protector, con sierra incluída, sólo para tomarle un poco el pelo, o algo, pero cuando Otis vuelve a insistir, Severide le da su bendición. Y si la caga, supongo que pasará lo que Shay le ha dicho antes.

La razón número 2 es cuando delante de su nueva compañera y sin contarse un pelo, le dice a Casey que echa de menos a Dawson (tranquila Shay, nosotros también), y que hace falta algo más que homofobia y exceso de sombra de ojos para ganarse su afecto.
Y hablando de estas dos, ¿recordáis al abogado que buscaba a Shay para hacerle preguntas sobre el suicidio de Darryl? Pues ni es abogado, ni quiere hacerle preguntas.
El tío venía a entrgarle a Shay las llaves de la casa de Darryl y un montón de papeles, a pesar de que ella le dice que no los quiere. Si fuera por él, seguro que le hubiera tirado la carpeta a Shay a la cara y se hubiera ido de allí corriendo. De hecho, ganas no le faltaron.

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Como primer caso, tenemos un incendio en un edificio en el que la calefacción no funciona y la gente se calienta como puede, encendiendo parrillas, por ejemplo. Cuando una mujer le cuenta a Boden lo que pasa, él va a casa del dueño del edificio a amenazarle un poco.
No sabía que pudiera poner la voz aún más grave, daba miedo y mola mucho a partes iguales. Total, que la mujer, Donna Robbins, va a la Estación a darle las gracias y PeterMills le anima a salir con ella. Así que va a casa de Donna, que le invita a entrar, ya que, casualmente estaba preparando la cena. Parece que a Boden le ha salido una novia.

Dawson pilla a Jones haciendo trampas en el examen en la academia de bomberos. Según ella, tiene dislexia. Pues Dawson tiene claustrofobia y mírala, aguantando ahí como una campeona. Más tarde, Jones ayuda a Dawson cuando en una de las pruebas dentro de una torre llena de humo, a Dawson se le engancha el casco y se le cae la mascarilla.

Como segundo caso, la tía del altavoz manda a Shafferty al centro comercial donde una mujer se ha caído y se le ha enganchado el pelo en las escaleras mecánicas. Vete tú a saber lo que andaría haciendo. Ni barras de metal atravesando partes del cuerpo, ni gente usando sacacorchos en cabezas ajenas… no, a mi la escena en la que se ve parte del cuero cabelludo de la mujer separado de su cráneo ha hecho que me doliera todo el cuerpo. Apuesto a que nos vamos a acordar de esto cada vez que veamos unas escaleras mecánicas.

Shafferty lleva a la mujer al hospital, que casualidades de la vida, resulta ser la dueña de una empresa de camiones (estoy segura de que hay un chiste por ahí escondido), justo lo que necesitan para continuar con ese proyecto ultra secreto.
Y hablando de tal, Kendra, la amiga lesbiana de Shay obsesionada con las cenas, aparece en por ahí. Shay tiene la amabilidad de avisar a Rafferty de que va a haber un abrazo entre lesbianas, y ella, para dejarles más intimidad, se va a la ambulancia a terminar con el papeleo. Entonces Kendra, cotilla como es ella, le cuenta a Shay que Rafferty era residente en el hospital hasta que su prometido enfermó y murió hace seis meses.

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Podría ponerme a hablar de la mirada que Shay le echa a Rafferty cuando vuelve a la ambulancia (razón número 3), pero prefiero hablar del otro momento bonito.
¿Cuando Rafferty se alegra de haber lavado su ropa antes de que las camisas de franela de Shay rompan la lavadora? No. Aunque también. Me refería al momento que viene justo después, la razón número 4, cuando Shay le dice que no es bueno guardarse las cosas, y que si alguna vez necesita hablar con alguien, puede contar con ella.
Y sobretodo, el abrazo que viene a continuación. Super mono todo.

Boden necesita que Casey rellene el informe sobre su accidente lo antes posible, así que Casey le pide ayuda a Severide, confesándole que no recuerda nada de lo que pasó dos días antes del accidente. Aunque Severide le echa una mano, insiste en que debería hablar de ello con Dawson. Pero en vez de eso, Casey decide llevarla a cenar fuera.
En el restaurante, el chico de la mesa de al lado le pone de los nervios porque no para de mirarle, aunque en realidad estaba mirando por la ventana, vigilando su coche nuevo.
Que sí Casey, que eres muy guapo, pero estaba mirando a su coche, no a ti, por muy gay que fuera. Cuando el chico le dice que no se va a morir por disculparse, Casey se levanta y le empuja. Parece que la agresividad es uno de los efectos secundarios del accidente.

La oportunidad de PeterMills de estrenarse en el Escuadrón llega cuando ayuda a un fotógrafo que ha quedado atrapado al caerse en la salida de la chimenea. Y de paso como novatada se ha llevado la broma de la silla (menudo batacazo), y el mal rato al hacerle creer que había contado cosas que no debía a un periodista del Chicago Sun-Times, ésta de parte de Boden, que es un cachondón cuando quiere.

Shay se ha pasado medio capítulo dejando claro que no quiere el dinero que le han dejado de herencia, a pesar de que Herrmann y Otis no paran de lanzar indirectas bastante directas para que se lo den a ellos y así poder pagar la deuda del Molly’s y que no les quiten el bar. Por no sé qué razón, va a casa de Darryl y se lleva el susto del día cuando un tío con pinta de piscópata aparece detrás de ella. El psicópata resulta ser Jed, el hermano de Darryl, que además se estaba quedando con el dinero de la pensión militar del muerto. Shay se entera y  decide invertir el dinero para salvar el Molly’s… Justo después de que Cruz y Capp hubieran echado cemento en los baños, y que Herrmann confesara que tuvo sexo en la barra del bar, y Dawson tamb— no, ella no. Y esa es la razón número 5.

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