Chicago Fire 1×21 – Review

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CHICAGO FIRE 1×21 – Retaliation Hit

(Aviso: Spoilers)

Empezamos el capítulo de esta semana con Severide (acompañado de Mouch) en una audiencia donde le están contando los cargos por los que se le acusa; después pasamos a un plano de Voight en la cárcel, y luego vemos a Casey y Hallie tomando un café poniéndose al día (ojo a la camisa horrible de Casey)

Mientras Otis y Herrmann están hablando sobre la inauguración del bar, Peter Mills le hace a Dawson un café con uno de esos dibujos que se han puesto tan de moda. Ella toda orgullosa se lo enseña a Shay en plan «mira, mira, ¿no es un amor? Qué apañado es», ella mira la taza sin ganas y le suelta un «cásate con él». Hola Shay, te echaba de menos.
El Chief los interrumpe a todos colgando un cartelito y anunciando que van a tener que asistir a una charla sobre acoso sexual, y cuando Cruz dice algo, todos pasamos de él (hasta el cámara) porque entra Severide uniformado quitándose la corbata. Herrmann decide que habrá precio de hora feliz en la inauguración del Molly’s y todos aplauden. Panda de juerguistas.

Peter Mills va detrás de Severide a hacerle la pelota
y le dice que si quiere desconectar un poco yendo a  tomar una cerveza o algo, que le avise, y Severide le dice que lo tendrá en cuenta. Cuando les avisan de un accidente de coche Boden aprovecha para decirle a Casey que Voight ha salido de la cárcel. Después de sacar a la mujer de debajo del coche, Severide está mirando su móvil y Mouch le aconseja que no contacte con Tara porque eso sólo empeoraría las cosas. Dawson y Shay llevan al conductor al hospital y aprovechan para hablar de lo de Tara y Severide. Dawson incluso se atreve a cuestionar la inocencia de Severide y hace un chiste sobre las pizzas de Chicago que sólo ella y su padre entienden, antes de mirar alrededor como si estuviera escondiéndose de alguien. Shay, que sabe por dónde van los tiros, le dice que Hallie no está allí, y antes de poder contestar, un número oculto la llama al móvil. Resulta que es Voight, que está en modo Rumpelstiltskin y quiere que Dawson le devuelva el favor que le debe.

Casey le pregunta a Dawson si va a llamar a Voight, y que haga lo que haga, le parece bien porque ella es importante para él y no quiere que se tiren otro mes sin hablarse.
Los chicos (y Pouch) están en la charla sobre acoso sexual, pasándoselo genial haciendo comentarios. El «profe» sale un momento y les pide a Dawson y Casey que les eche una mano. En la escena siguiente los vemos haciendo una pequeña obra de teatro en la que Casey le hace toda clase de cumplidos a Dawson y a ella le encanta. El profe tiene que recordarles que él no tiene que decir esas cosas y que ella no tiene que aceptarlas.

Después de rescatar a un hombre de un camión que tenía una fuga de hidróxido de sodio, Mills tiene una pelea con Hadley porque le ha echado comida de perro en su comida. Vale que Peter Mills me cae mal y que es verdad que parece un perrillo, pero hasta a mi me pareció que se había pasado. Boden no se lo ha pensado dos veces y lo ha despedido.

Volvemos a caso Severide/Tara. Severide pasa totalmente de Mouch y queda con Tara, que actúa como la superzorra que es, diciendo que es muy doloroso para ella hablar de lo ocurrido y Severide la llama loca. Mal vamos. Ahora van a mirar el historial de tías a las que se ha tirado en el trabajo, empezando por Nikki Rutkowski. Por lo pronto el padre de Nikki ya ha prestado declaración contra Severide, algo que ha hecho que manden el caso a la oficina del fiscal del estado, y si creen que hay un caso, presentarán cargos criminales.
Antonio le dice a Voight que deje tranquila a su hermana y que si quiere algo, que se lo pida a él. Y Casey y Hallie han quedado en la casa de ella para devolverse sus cosas, y entre una cosa y otra, comentan una especie de contrato que firmaron después de una pelea de navidad: «vamos a mantener las peleas limpias y el sexo sucio». La conversación acaba en una de esas dos cosas. Pista: No se pelean.

Shay y Dawson
van a casa de un chavalín que les dice que a su padre está muy mal. Cuando entran a la casa y ven una pedazo de serpiente en mitad del pasillo, tardan menos de dos segundos en volver a salir. Dawson le pregunta al niño que cuánto hace que la serpiente mordió a su padre, y Shay le pregunta por el tipo de serpiente. Una víbora rinoceronte, casi nada. Dawson quiere llamar al control de animales y Shay quiere que vuelvan a entrar y saquen al hombre de allí. La respuesta de Dawson es tan simple como un «bitch, are you out of your f—«. En serio, Dawson atacada de los nervios es tremenda.
Vuelven a entrar a la casa y cuando parecía que Shay se iba a poner en plan salvadora de la vida, le entra el canguelo y le pasa el garfio a Dawson, que consigue meterla en el cuarto de baño. Y menos mal, que con la suerte de Shay, la víbora se la hubiera comido, fijo.

Y después de un brindis entre Otis, Dawson y Herrmann, llegamos a la inauguración del Molly’s (tamales). Shay le está diciendo a Dawson que si ve a Tara por la calle le va a soltar un par de hostias (por favor, sí), cuando entran Casey y Hallie cogidos de la mano y Dawson dice que se alegra por ellos. Pero la fiesta se jode en cuanto aparece Voight diciendo que quiere dejar atrás el mal rollo, ya que van a trabajar todos juntos (ahora es el jefe de Antonio en la Unidad de Inteligencia), y luego va a disculparse con Hallie y Casey, que le mira con toda su cara de asco y se va de allí dándole un trago a su cerveza.

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