Tras once largas temporadas y múltiples spinoffs y demás derivados, ‘The Walking Dead’ vive una segunda juventud. O esa es la sensación que me queda tras ver las últimas propuestas de su cada vez más extenso universo. El desgaste de la serie original acabó siendo más que evidente y la realidad es que salvo ‘Fear The Walking Dead’, la cual emitirá este otoño su última tanda de episodios, las otras series lanzadas para ampliar su universo televisivo han pasado por nuestras pantallas con más pena que gloria, sin generar apenas conversación ni audiencia. No digo que estuviera acabado, tampoco es eso, pero el ‘TWDU’ iba a quedar en una posición bastante complicada tras cerrar sus dos series principales. Pero alguien tuvo la brillante idea de desarrollar más spinoffs. ¿Necesarios? Probablemente no, al menos para el espectador neutral o más o menos ajeno a la franquicia, al menos a primera vista…
En esta ocasión, los responsables de la misma optaron por una fórmula mucho más eficaz a la hora de darles forma; coger a los personajes más carismáticos de la serie original y darles una serie propia para seguir contando su historia. Dudo mucho que a estas alturas alguien quisiera conocer a un grupo de personajes nuevos sumergidos en el apocalipsis zombie más conocido de la televisión, pero eso de continuar viendo a Negan, Maggie, Daryl, Rick o Michonne… muy mal había que hacerlo para que no fuera una victoria. Esa es la realidad. Dead City ha sido un éxito tanto a nivel de audiencia como de recibimiento, y mientras esperamos el regreso de la mencionada pareja, Daryl Dixon (Normal Reedus) regresa este fin de semana a nuestras vidas con una nueva aventura, la primera de la saga ambientada en el viejo continente.

Efectivamente, el mundo post-apocalíptico es exactamente igual al otro lado del charco que en Estados Unidos. Eso es lo primero que descubrimos cuando Daryl aparece en la costa francesa tras un naufragio. Hasta la fecha hemos explorado múltiples localizaciones distintas, pero nunca fuera del país americano. Al final da lo mismo, siempre veremos una puesta en escena semejante, pero lo de empezar a ampliar horizontes me parece una idea bastante interesante. En sus primeras momentos en el país galo Daryl se encuentra lo que todos podíamos esperar; desolación, carreteras, edificios y pueblos enteros absorbidos por la maleza, caminantes deambulando en busca de carnaza, y, por supuesto, milicias que aprovechan su posición para abusar de los más débiles, y, por supuesto, los clásicos grupos de supervivientes que siempre nos recuerdan eso de que los vivos siempre acaban siendo mucho más peligrosos que los muertos. Mientras intenta entender cómo y por qué acabó allí, nuestro protagonista solo piensa en encontrar la forma de volver a casa, aunque (¡por supuesto!) las relaciones que entablará durante su odisea por una Francia en ruinas pero resiliente acabarán complicando su plan.
El acontecimiento que pone en marcha la trama que seguiremos durante esta primera temporada es su encuentro fortuito con Isabelle (Clémence Poésy), una enigmática ‘monja guerrera’ de tumultuoso pasado que acabó encontrando su lugar en el mundo como miembro de un grupo religioso cada vez más relevante en la zona. Isabelle es dura y fuerte, una mujer que ha aprendido por las malas lo devastadora que es la nueva realidad en la que el mundo se ha sumergido, cuya trágica historia exploraremos capítulo a capítulo a través de flashbacks. Creo que no veíamos el inicio del apocalipsis desde FTWD. Es un momento que siempre me ha parecido llamativo.
Tal y como suele ocurrir en esta tipo de historias, las cosas se complican y mucho cuando Daryl desencadena una serie de acontecimientos que inconscientemente ponen en peligro a un niño que es símbolo del mencionado movimiento. Él es Laurent (Louis Puech Scigliuzzi), una especie de elegido, descrito incluso como un nuevo mesías. Acorralado por los eventos recientes, Daryl acepta acompañarlo hasta un lugar seguro a cambio de ayuda para volver a América… y aquí es donde empieza su verdadero viaje, junto a Isabelle y su fiel compañera Sylvie (aïka Blanc-Francard). Por el camino, lo de siempre; diferentes comunidades de supervivientes con sus respectivos problemas y necesidades, nuevos enemigos sin piedad alguna y con mucha sed de venganza, alguna que otra sorpresa, y, solo faltaría, caminantes y más caminantes.

Obviamente, a estas alturas es bastante complicado que ‘The Walking Dead’ aporte algo nuevo y/o fresco al género. La serie de Daryl es otro ejemplo. Incluso podría venderse como la duodécima temporada de la original y no habría ningún problema. Ojo, tampoco es su objetivo. Sus responsables llevan muchos años produciendo contenido y son totalmente conscientes de lo que quieren ver sus seguidores. Si por el camino consiguen que alguien más se suba al barco mejor, pero con lo que tienen parece que les sobra. Navegar por la Francia semi-destruida que nos presenta la serie es sin duda un concepto interesante, pero tampoco es que sea un aliciente de gran tamaño. La ambientación está muy lograda y la puesta en escena es muy atractiva, igual que toda la música usada en la serie, correcto. Sin embargo, la trama es la misma que si estuviéramos en Bélgica, Alemania, Suiza o Italia. Aporta un toque distinto, pero no influye. En esta ocasión es la religión y las firmes creencias de sus protagonistas la que sirve como motor de la historia que nos cuentan. Isabelle su congragación creen firmemente que Laurent puede cambiar el mundo y a eso han dedicado su vida durante los últimos años. ¿Nos estarán presentando a un inmune?
Si habéis llegado hasta aquí, estoy seguro que estáis pensando lo mismo que yo cuando vi los primeros episodios de la serie. ¿Han copiado ‘The Last of Us’ o sólo lo parece? No creo que debamos usar la palabra copiar, aunque si, hay muchas similitudes… algunas bastante inesperadas que iréis descubriendo sobre la marcha. Pedro Pascal y Bella Ramsey estarán contentos de verse reflejados en Daryl y Laurent. Dicho esto, quiero añadir que ‘Daryl Dixon’ no tiene ningún problema a la hora de sostenerse por sí misma. Norman Reedus carga con casi todo el peso de la narrativa. No podía ser de otra manera. Siempre lo he encontrado un pelín soso, aunque Daryl si que me parece uno de los personajes más carismáticos que ha dado la franquicia. Solo hay que ver lo querido que es por el fandom. Clémence Poésy sirve como una excelente segunda espada y el resto del reparto, francés en su gran mayoría, cumple tranquilamente con lo que se le pide. Hablamos de una ficción con la suficiente ambición y ganas de seguir generando contenido como para que el que decida verla se quede con ella. No pasará a la historia de la televisión, pero es otro entretenido acierto de AMC y compañía. Igual eso es lo más importante.
La serie se estrena en España el 11 de septiembre en AMC+, plataforma que emitirá un episodio semanal hasta completar los seis que forman su primera temporada. Aprovecho para recordar que una segunda entrega ya está totalmente confirmada.
NOTA DE LA TEMPORADA: 7.7/10