REVIEW : Transparent – Temporada 3.
“Cuando una persona hace la transición toda su familia la hace”. Esa frase pronunciada por Shelly es la que envuelve la tercera temporada de Transparent. Es esta nueva temporada se sigue la exploración en lo más profundo de los personajes, alternando momentos surrealistas, esperanzadores y dramáticos.
Tras la omnipresencia de Maura en el primer capítulo, en los nueve siguientes sus hijos parecen seguir examinando sus vidas y tomando decisiones sin fundamento. Josh sin duda es el que más sufre después de la rotura con la rabina Raquel. Parece que ha perdido toda la pasión por la industria discográfica y se centra más en su vida privada, pero le vuelve a salir mal. Le coge cariño a Shae, la amiga trans de su mapa, pero es rechazado cuando no reacciona demasiado bien cuando ella le comenta que es seropositiva. El suicidio de Rita lo acaba derrumbando e intenta compartir el pésame con su hijo Colton pero tampoco le sale bien, ya que Colton está cómodo con su familia adoptiva y necesita claramente su espacio. Ali, por su parte, empieza a dar clases gracias a su coordinadora y amante Leslie, que representa el movimiento feminista con difícil relación con los transexuales. Por último, Sarah sigue viviendo platónicamente con su exmarido Len y decide que puede hacer una contribución espiritual uniéndose al templo de Raquel, aunque su “energía oscura” la condena y no es aceptada. También continúa explorando su placer con el castigo, aunque su relación con la trabajadora se tuerce.
Un personaje que resurge en esta última entrega es Shelly, la ex-mujer de Maura y brillantemente interpretada por Judith Light. Su charla en el templo sobre su viaje personal resulta ser un éxito, por lo que intenta sacarlo a la luz con su compañero Buzz en un show de solo una mujer para convertirse en la voz de un número incontable de mujeres. Sin dejar un momento para el resto, Shelly declara en el aniversario de Maura que también esté viviendo una transición. Pero sin duda Maura sigue siendo el corazón de la serie. Despúes de su aventura con Elizah, Maura es hospitalizada en un hospital no judío. El nombre mal escrito y el género equivocado que hay escritos en su cartilla médica, junto al obstinado uso del doctor de los pronombres masculinos, revelan que su lucha para su reconocimiento empieza a partir de ahora. Para echar más leña al fuego, en su aniversario anuncia que ha decidido operarse para así empezar su transición física y definitiva, lo que dificulta su relación con Vicki y detona altibajos emocionales para el resto de la temporada («Hace mucho que no escucho a mi cuerpo»).
Para metaforizar esta salida del caparazón, Soloway nos deleita con una dinámica narrativa y un manejo de los hechos temporales sublime que ya conocíamos de las anteriores temporadas. Un ejemplo muy destacado es el de la tortuga Nacho, la mascota de los adolescentes Pferfferman que se perdió por los conductos de ventilación y que aparece 30 años después para mirar fijamente a Maura. Otro ejemplo brillante es el octavo capítulo, encabezado por una intro música habitual que nos sitúa 60 años atrás para conocer más detalles del pasado de Maura, entonces Mort, y Shelly. Ella sufrió abusos por parte de su profesor de música y él fue rechazado por su abuelo por vestir vestidos de su madre, ambas situaciones invisibles en los años cincuenta. Precisamente, estar rotos por dentro es lo que une esos adolescentes, ya que ambos pueden guardar un preciado secreto. Tras un nuevo tenso encuentro con su la hermana de Maura, Vicki parece no dar apoyo a su pareja. Ella comenta que ha sufrido una masectomía que no volvió a operarse porque temía al quirófano. Luego Maura le reprocha que no comprenda el miedo que tiene a su cambio de sexo. Maura está tan centrada en sí misma que no hace caso de nada más, hecho que acaba por dinamitar definitivamente su relación. Para acabar de hundir a Maura, el doctor le anuncia que no puede realizarle la cirugía, ya que tiene un desajuste serio en el corazón, coincidiendo casualmente con la desaparición de la tortuga en casa de Sarah. Un cubo de agua fría que duele muchísimo a la audiencia que a estas alturas ha empatizado muy sensiblemente con la protagonista.
Shelly por su parte, rompe con Buzz ya que le miente y usa el dinero de su pareja a sus anchas, pero sigue convencida de hacer el viaje de crucero para toda la família que Buzz había planeado. En los primeros instantes, nadie le hace caso, una tónica conocida en esta serie donde los padres, a pesar de sus problemas, se ven eclipsados por sus mimados y egocéntricos hijos. Para romper esa rutina, Ali acompaña a su madre, que viste de nuevo pantalones, en un grito de liberación que nos recuerda al primer capítulo. Aunque se intenten reunir de nuevo para retomar la idea de qué te hace esclavo Shelly pasa a ser la más grande de las protagonistas, consiguiendo realizar su íntimo show en la gran sala del crucero. Mientras, Josh tira las cenizas de Rita por la borda, su madre canta a la vida, llorando mientras aplaude que todo va a salir bien.
Orbitando alrededor de Tambor, todo el elenco encaja a la perfección en este sistema. La química entre cada uno de los miembros aporta una extraordinaria y emocional verosimilitud al retrato de la vida familiar de los Pfefferman. Las representaciones y las sutilezas casi imperceptibles hacen que esta temporada mantenga el nivel de una de las mejores series de todos los tiempos.
Una review de Sergi De La Cruz.

