La mentira es el eje central del capítulo de Castle de esta semana, el primero para uno de los nuevos guionistas contratados para esta temporada: Barry O’Brien, más conocido por ser co-creador de Hannah Montana. ¡Vaya suerte la nuestra!
Digo que es el eje central porque no solo el muerto en esta ocasión es un mentiroso compulsivo, sino porque este capítulo de Castle nos traslada a una realidad falseada, a un universo paralelo paródico. Vedlo y sabréis de qué os hablo. Aunque ya lidiemos con una ruptura matrimonial cogida por los pelos que nadie entiende, en este caso tenemos que soportar que todos los personajes estén completamente salidos del tiesto, siendo ellos sin ser, buscando descargar cómicamente la situación sin, personalmente, haberme conseguido sacar más que dos sonrisas tibias. De hecho, mi sentimiento generalizado a medida que avanzaba el capítulo se resume en una frase y me atrevo a parafrasear al genial Matías Prats: ¡¿Pero esto qué es?!
Os lo abrevio: Un tipo se muere. Se llama Dave, pero les hace creer a todos que es un escritor famoso, aunque luego resulte que no, que el autor en cuestión está vivito y coleando. Al parecer el cura de la iglesia donde murió, que es ciego, pero al final no, le metió en el Ayuntamiento para que hiciese un apañito con un dinero que necesitaban, pero el pobre mentiroso descubre que alguien ha estado llevándose lo que no es suyo de las arcas, así que busca pruebas para denunciar y al final le mata la mujer porque le había hecho perder un matrimonio sustancioso con otro maromo de cartera llena. En medio aparece también la mafia, para ser exactos un asesino a sueldo super colega de Castle que asegura que no fue él y nuestro escritor favorito le cree porque, oye, se lo ha prometido. Creo que esa es una de las escenas más vergonzosas que he visto en la serie, contando XX y Sleeper, porque deja al protagonista como un cateto metepatas que NO es.
“¿A terreno personal pasa algo sustancioso?”, os preguntaréis. Pues bien: Alexis empieza a enfadarse con su padre por su manía de perseguir a Beckett, Martha le da un consejo de amiga a Kate sobre la estupidez que está cometiendo de tener al hombre más confiable del mundo alejado de sus problemas, Castle da una fiesta mexicana porque sí, porque le apetece, quedando esa escena completamente descolgada de la trama (no duerme en el loft porque le recuerda a su mujer, pero luego hace estas cosas), Kate llama por teléfono a su marido, tras dejarlo en la estacada y pedirle tiempo hasta la saciedad, para cachondearse de lo mal que le ha salido la captura de un sospechoso. Ah, y lo más importante: aparece Carl. ¿Y ese quién es? Pues esa, mis queridos amigos, es una pregunta fantástica, yo tampoco lo sé, pero Beckett debe conocerle desde el parvulario porque le recibe tirada en el sofá mientras le hace una consulta sobre drogas. Y luego se atreve a comentar que tiene miedo de que no le tomen en serio como capitana. En fin.
Pero eso, en mi opinión, aunque clame al cielo, no es lo más grave. Lo más grave es lo pobremente hilada que está toda la trama, inconexa, forzada, extrema, lo fuera de sus personajes que están todos los actores y, sobre todo, las muchísimas escenas absurdas que hemos tenido que sufrir, aun cuando estoy segura de que pretendían ser cómicas. Es triste ver a todos los actores completamente incómodos en la piel de un personaje que llevan trabajando más de siete años, que conocen como la palma de su mano. Se les ve forzados al extremo e, incluso, la escena Caskett del final no fluye como debería, es atropellada y pobre. Sinceramente, yo creo que Nathan y Stana se estaban preguntando en qué momento habían firmado para destrozar a sus personajes de esta manera patética… y eso que solo es un capítulo de relleno. Le llegamos a dar la season finale a nuestro amigo Barry y… ah, esperad, que eso todavía puede ocurrir.
Lo siento, la comicidad, la risa, también tienen edad y hace siglos que no se me mueve un pelo cuando muchas personas hablan rápido, a la vez, con altibajos y ponen un montón de muecas ridículas. O cuando se ponen sombreros, hacen cosas fuera de lo corriente, se enfadan con sus colegas por tonterías y trazan planes al vuelo (¿qué pintaban Ryan y Espo en la iglesia al final si el sospechoso les conocía?). Perdóname, O’Brien, si me tomo Castle tan en serio como mi inteligencia y mi sentido del humor, en los cuales he tenido que escudarme para digerir esta estupidez que acabas de presentarnos. Además, tuve la dudosa suerte de ver Hannah Montana ya mayorcita, mientras estudiaba la carrera. Puedo comparar el tipo de humor, la trama de enredo y el tratamiento plano de los personajes que se ha empleado en este capítulo con varios del mayor éxito de este señor, al cual habría que devolver a la escuela para que le enseñen sobre la segmentación de mercado, los géneros en la escritura y esas cosas tan útiles para alguien que trabaja por y para el público. ¿Comedia? Sí, claro, pero para mayores de edad con inteligencia, por favor. Ironía, dinamismo, actividad, vacile… Eso, hasta ahora, no lo habíamos perdido.
Os puedo asegurar algo: jamás me he aburrido con un capítulo de Castle. Nunca. No es por exagerar, pero por algo es una de mis series favoritas. Siempre había algo que me entretenía, que me despertaba curiosidad, que me regalaba una sonrisa. Pues bien, nunca hay que decir de esta agua no beberé y este cura (ciego) ha sido mi padre: he mirado más de diez veces cuánto le quedaba a este bodrio para finalizar, me he reído por no llorar durante todo el final y dos uñas han pagado toda mi frustración, ya no solo como espectadora, sino como escritora (si este tío trabaja, ¿qué estoy haciendo yo con mi vida?).
Esto, definitivamente, no es mi serie. Sea cual fuese la trama, si algo ha distinguido siempre a Castle es la calidad y ese saber estar que solo otorga el conocimiento de los límites que no se pueden sobrepasar. Eso era algo que los MilMar llevaban a rajatabla (por favor, volved). Soy capaz de soportar que os carguéis la evolución de Beckett, que el muro se pegue con chicle y sea más resistente que el de Berlín, que Castle a veces este infravalorado, que Ryan y Espo sean los bufones de la corte, que Lanie dé una basura de consejos, que Alexis sea molesta, que Gates se vaya sin previo aviso… Venga, me siento generosa e incluso me creo coches en llamas, abducciones para salvar el mundo, locas calvas y pedidas matrimoniales a la ligera. De hecho, aceptaría mejor que Johanna resucitase y le diese dos percas a Kate que ver a la 12 convertida, aunque sea por un capítulo, en un circo, en una parodia de sí misma, en un universo paralelo mentiroso y dañino. El argumento general de esta temporada todavía puede salvarse, pero es difícil que este episodio se borre de mi memoria por bochornoso.
En definitiva, no sé qué serie habrá visto este señor antes de escribir este capítulo, en donde, como bien dije en Twitter, lo único que faltaba era que la peluca de Beckett se pusiese a bailar la conga con Carl. La prueba fehaciente de que este “guionista” se ha quedado, como todos los demás, con la superficialidad de la historia que tenía entre manos, la encontró @Xtfanía. Y es que mucho café, mucho corazoncito y mucha historia, pero cuando Castle se despide dice “Have a good night” y no “Until tomorrow”. En la temporada 1 parece que el escritor todavía tenía esperanzas. Desde luego, mientras alguien sea capaz de hacer esto con tan buen material inicial y, encima, le dejen, yo las he perdido.
Cuestiones finales de vital importancia (además de las contradicciones mencionadas anteriormente): ¿Lanie, a estas alturas, sirve para algo? ¿Ryan podría acordarse en algún momento de que a los hijos hay que darles amor y no quejarse 24/7 de ellos? ¿Por qué Martha, un descargo cómico inteligente, es tan pobremente aprovechada? ¿Qué sentido tiene que Alexis apague la luz de la iglesia cuando van a detener al sospechoso? ¿Era la Hora del Planeta, o qué? ¿Qué le pasa a Castle para, simplemente, decirle a Beckett que está preciosa cuando es de las pocas veces en su vida que la ha visto con falda? ¿Dónde está la picardía, la intensidad, y el vacile de las primeras temporadas cada vez que la veía más femenina de lo normal? ¿Por qué ese empeño de dejar a todos los personajes como inútiles absolutos en su trabajo durante este capítulo? ¿Desde cuándo Ryan es tan malicioso como para permitir que Castle lo compre y dejar de lado a su mejor amigo en un ascenso? ¿Espo puede dejar de mirar a su jefa como si se la quisiese merendar o ya es acto reflejo? ¿Por qué Alexis no dice de una vez lo que piensa con respecto a la separación de su padre? ¿Por qué Beckett está haciendo con Vikram lo que tendría que hacer con su marido? Ah, es porque, si ese tipo se muere, nos da igual, ¿no? ¿Por qué Castle tiene prácticamente que pedir perdón por hacerle un café a su mujer si es lo más tierno de todo el capítulo?


