El Inicio de la octava temporada de Castle planteaba muchas incógnitas. La mayor de ellas era cómo se las apañarían sus dos nuevos showrunners, Terence Paul Winter y Alexi Hawley para continuar un fin de séptima sin cliffhanger y remontar una historia que comenzaba a decaer. Como ferviente admiradora de su anterior executive y creador, Andrew Marlowe, este relevo me daba terror, puesto que si bien estaba claro que el amado líder estaba tan desgastado ya como su historia, como guionista acostumbraba a salvar su historia del declive total.
Todos los avances prometían un inicio rompedor e interesante, pero no es la primera vez que nos dejan con cara de estupefacción ante su manera de resolver grandes tramas (todavía no nos hemos olvidado del fiasco del 7×20) por lo que la precaución era primordial antes de ver esta season premiere. Personalmente, no me ha defraudado y ha alimentado mis esperanzas de que este show puede salvarse dignamente, no solo caer hasta terminar.
La tensión empieza de un modo rápido e intenso, ayudada por la oscura dirección de Rob Bowman y tras una escena dulce: Beckett ha desaparecido del mapa, no se sabe dónde está, ha mentido a su marido y, encima, ha disparado a tres tíos, le han herido y va acompañada de un supuesto colega al que nadie conoce. El secreto de la tensión que genera no es solo mantener al protagonista en la oscuridad, sufriendo las consecuencias de los actos de su mujer, sino que el espectador también avanza a tientas, juntando las piezas del puzle sin entender absolutamente nada de lo que sucede y en qué se ha podido meter nuestra detective, ahora capitana, favorita. Es algo gordo, sin duda, porque hay mucho pistolero psicópata a sueldo dispuesto a terminar con su vida, pero no sabemos el motivo. Parece que tiene que ver con Bracken, su archienemigo, pero, sinceramente, creo que es una falsa pista derivada de la obsesión de ella por afirmar que el político es la fuente de todas sus desgracias. De todas maneras, Jack Coleman actúa genial con el resto del cast y sus frases como el senador caído en desgracia dan muchísimo juego. De hecho, deja claro que considera que el escritor no conoce a Beckett en absoluto, y que ella jamás se conformará con la típica felicidad de ser la señora de Castle… cosa con la cual todos estamos de acuerdo, incluso él, por lo que es tirar sal sobre una herida abierta desde que este par comenzó una relación. Es posible que este episodio, cuya trama concluirá en el de la semana que viene, sea una manera de propiciar dos incógnitas sobre las que puede girar la temporada: ¿Dónde estaba Beckett? ¿Por qué Beckett no confía a estas alturas en su pareja?
Que estemos ante un capítulo interesante y plagado de acción no quita que no haya muchos momentos de desarrollo personal muy necesarios tras siete temporadas. Y no, no me refiero a los protagonistas, porque ese par, precisamente no avanza en absoluto: él se sigue jugando el cuello por ella y ella sigue callándose las verdades y actuando por su cuenta. En algún momento, ese problema de comunicación que tienen va a tener que estallar por alguna parte. Incluso se casaron debido a la imposibilidad que tienen por comunicarse. Que se quieren con locura es un hecho, que se entiendan ya es otro cantar y eso podría desarrollarse convenientemente de una vez.
El desarrollo real llega, por fin, para Alexis, que demuestra que los 21 le han sentado de maravilla, porque comienza a ser un personaje útil y no la niña repollo intrascendente que venía siendo hasta ahora. De hecho, su relación con su padre siempre me ha encantado, pero en los últimos tiempos no aportaba absolutamente nada positivo, es más, sobraba y ya había conseguido que muchos le cogiésemos algo de manía. Sin embargo, soy de las convencidas que considera que, gracias a sus genes Castle, siempre ha tenido algo positivo que dar y parece que vamos a verlo a partir de ahora. Además, tengo la impresión de que Molly Quinn es mejor actriz de lo que ha podido demostrar hasta ahora, cuando han decidido convertir a su personaje en una especie de detective con regusto a los clásicos del género de los 80 y 90.
Tiene buena pinta su arco, que parece que va a estar directamente relacionado con el del nuevo personaje, Hayley Shipton, una especialista de seguridad cuya única debilidad hasta ahora ha parecido ser la adolescente pelirroja. Hay quienes las shipean y todo, con algo de razón. De todas maneras, la nueva tiene todavía demasiado que demostrar, porque durante esta primera sesión solo nos ha dado lo que buscamos: patadas giratorias mejores que Jackie Chan y frases manidas destinadas a hacernos ver que es independiente, chula y profesional. O le dan más profundidad o yo seguiré sin comprar su actitud, aunque sin duda alabo la frescura que introduce en la trama. ¿Será la tercera pata del duo Ryan-Esposito? Yo espero más.
Y hablando del bromance, esos dos tampoco cambian, excepto por el hecho de que el irlandés va a aumentar de nuevo la familia y ve como le salen las facturas por las orejas. Todavía no conocemos a su primera hija. Me da miedo que sea un embarazo psicológico o algo así, en serio. Aunque como los showrunners hablaron de regalarles más importancia a las psiques de los personajes y menos a los casos, quizá tengamos alguna sorpresita interesante con estos dos, más que nada porque llevan ocho temporadas siendo exactamente los mismos, con la excepción de Esposito, que simplemente, ha ido a peor.
En resumen, yo diría que estamos ante lo mejor de Castle desde la cuarta temporada y que tiene todas las papeletas de volver a ganarse a una audiencia decepcionada tras dos años anteriores monótonos y sin chicha. Acción, misterio y situaciones que van a traer mucha cola para lo que vendrá después, porque el equilibrio se ha roto por fin entre la pareja protagonista de una manera muy consecuente con sus personalidades, creando un mundo de posibilidades interesantes. ¡Los matrimonios discuten, es algo normal!
Tengo que reconocer que, a pesar de todo, el principio y las situaciones que se iban dando a raíz de la desaparición propiciaban un lado romántico que hacía mucho que no veíamos entre estos dos, cuya química pervive a lo largo del episodio aunque compartan dos escenas. Parece que se ha acabado la anestesia de las tramas insustanciales. A partir de este punto, y sin dejar de tener en cuenta el sentimiento predominante, cierto rencor o malestar deberían volver a crear alguna tensión sexual en una relación que, durante las temporadas 6 y 7, parecía sacada de los cuentos que leía Heidi. Necesitamos intensidad, fuerza, tensión, ironía y adorabilidad sin cursilería a partes iguales, por lo que parece que vamos por buen camino. La verdad, Beckett, tienes delito y no veas cómo te lo agradezco.



Amo Castle pero creo que debió terminar la temporada pasada..
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