We Were All Someone Else Yesterday, escrito por Adam Targum, con OC Madsen como director, mantiene el altísimo nivel con el que las serie lleva toda la temporada, en un episodio que nos ha ofrecido muchísimas cosas, más de lo que me esperaba, con un claro concepto como protagonista, al menos en su primera parte, el luto.
Hood está abatido, roto, ido. Como nunca lo ha estado. Sigue dando vueltas al no poder evitar la muerte de Siobhan, algo que conociendo al personaje le debe doler más que el propio hecho pero menos que otra cosa, su parte de responsabilidad en ello, Esto queda reflejado en los primeros minutos del capítulo, cuando Hood, bloqueado en el coche imagina algo que la mayoría siempre hemos soñado con hacer, ¿qué pasaría si pudiera cambiar el pasado conociendo el futuro?
Revivimos, alternativamente, la llegada de Hood a Banshee, ese día
en que la carretera le lleva al bar de su, ahora, gran amigo Sugar. Nos han traído de vuelta a Griff Furst, el Lucas Hood original, para rodar esta nueva llegada, en la que nuestro Hood salva el día sin tener que matar a nadie y el real se queda tan contento y agradecido con ese desconocido que le acaba de salvar la vida, al que, probablemente, no volverá a ver nunca más.
De una forma muy distinta, Proctor también está en unos momentos similares a los de Hood. Acaba de perder a su madre, una mujer a la que quería mucho más de lo que pensaba tras incorporarla a su vida a última hora. Todo este asunto ha acercado un poco a Kai con su ex comunidad, con su familia, pero sobretodo con sus raíces. Algo que no ha pasado con Rebecca y sus padres, tal y como vimos.
La muñeca se volvió a romper, pero esta vez desde dentro. Las caídas siempre son dolorosas, pero cuando son desde la cima, esa cima que tu mismo te has creado, pueden llegar a ser desastrosas. Tras varios capítulos algo ausente, hemos explorado el nuevo status de Rebecca, actualmente una barbie psicópata, a la que su tío Proctor tiene como mano derecha fictícia, más para tenerla entretenida y que no vuelva a meterse en problemas, que por confianza. Hemos podido comprobar esto último con el asunto de los clientes de Philadelphia, ella cuenta, pero para dirigir el club y lidiar con la mugre, en lo demás no es nada.
¿Cúal será el próximo movimiento de Rebecca? Veo imposible que lo deje aquí, ella tiene decidido lo que quiere ser y me da que de alguna forma u otra va a intentar buscar la aprobación de su tío con algún tipo de jugada a gran escala, algo que salga como salga, tendrá unas consecuencias que acabarán de definir el rumbo de su personaje.
La trama central del capítulo ha sido la llegada del FBI, capitaneado por Salvatore Ferillo, interpretado por Robert John Burke, actor
que por cierto, casi fue cogido para hacer el papel de Kai Proctor.
La misión es clara, hacerse con Chayton vivo o muerto manteniendo a la fuerzas de Banshee al márgen, por lo que tanto Hood y su gente, con Kurt Bunker como fichaje estelar, se convierten en unos simples espectadores de la caza junto a Aimee King y su equipo de la reserva.
Sólo en teoría, claro, porque Hood, con la ayuda de un Job cuyo único propósito es que su amigo se centre en el golpe a los militares, llegan primero a un Chayton que tras recibir un épico cuchillazo por parte de Hood y su consiguiente pelea, consigue huir por el bosque, no sin antes estar a punto de cobrarse a su enésima víctima, la impotente e inofensiva Aimee King (Meaghan Rath).
Por si no habíamos tenido suficiente, Banshee nos sorprende una vez más con un epílogo brillante, emocional, una escena que aboca un sin fin de recuerdos y sensaciones, en apenas unos segundos.
Volvemos a meternos en la cabeza de Hood para ver la conclusión de ese pasado alternativo con el que comenzamos el episodio. Vemos como se despide del sheriff real y como, de refilón, se fija en una chica, vestida de uniforme, poniendo gasolina. Esa chica es Siobhan Kelly.
Su sonrisa y su hey yourself, lo dicen todo. No hace falta más.
Job llega para recoger a Hood y ella, esa chica que lo podría haber sido todo pero que en esta ocasión nunca fue, se queda atrás, como un recuerdo en el horizonte, mientras nuestro protagonista empieza su camino por esa carretera que nunca llegó a coger.



