Black Mirror : El negro reflejo

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Black Mirror es una serie que consta actualmente de seis episodios divididos en dos temporadas de tres episodios cada una y que es producida y emitida por la cadena británica Channel 4, creada por Charlie Brooker el cual selecciona a un director y compañero de guión distinto para la elaboración de cada capítulo de la saga.

Los seis episodios son independientes unos de otros pero cuentan todos con un mismo factor de acción : la comunicación ya que en los seis observamos distintos patrones comunicativos, ya sea de los medios de masa, la memoria, campaña política, etc.

Charlie Brooker por lo tanto nos presenta en cada uno esa relación tan profunda entre el avance tecnológico y los sistemas de comunicación y la peligrosa que puede ser esa relación si no se controla / maneja de manera adecuada.

Así empieza esta entrada, introduciendo lo que es Black Mirror, en la cual Carlos Escudero (@vanderShock), uno de mis compañeros de Seriéfilos Enfermos, pretende ponernos de manifiesto las similitudes entre lo que nos enseña la serie en sus episodios y nuestra propia sociedad, dónde impera cada día más la comunicación y la tecnología.

– Episodio 1 – The National Anthem :

«Podemos conseguir otro ministro pero no otra princesa»

En este episodio la tecnología de las redes sociales, los medios de masa, las noticias en tiempo real, y la difusión masiva de vídeos virales. El episodio trata de manera muy cruenta una toma de decisión en una situación muy límite, presenta al ficticio Primer Ministro Michael Callow tomando una decisión importante, cuando la princesa Susannah, miembro de la realeza del país, es secuestrada. Los autores del secuestro solicitan algo muy inusual a cambio de la liberación de la princesa: liberaran a Susannah a cambio de que el Primer Ministro tenga relaciones sexuales con un cerdo. Este relato analiza el papel de los medios de comunicación, el comportamiento de la sociedad y de aquellos que la dirigen en situaciones en las que una vida depende de una decisión crucial.

Lo interesante de este episodio es ver como los ‘mass media’ lejos de interesarse de la situación de la princesa se lanzan en seguida a través de Twitter y sus noticieros a lanzar encuestas sobre si debería mantener Michael Callow relaciones sexuales con el cerdo y si les gustaría verlo a través de las pantallas. Aquí escribiendo en frío nos parece todo muy sórdido, pero sería capaz de apostar un brazo mío a que si ocurre en la realidad la reacción no sería muy similar. Y tampoco hace falta lanzar hipótesis, me atrevería a pensar que muchos de nosotros (yo me incluyo) al ver el episodio, o cuando vean el episodio si acaso aún no lo han hecho, lo que más morbo (¿interés?) nos causa es precisamente ver al Primer Ministro británico mantener relaciones sexuales con el cerdo.

Me parece una crítica tan excelente como cruda tanto a los medios de masa como a la propia sociedad, y su manera de interactuar y del manejo de los propios medios de la sociedad, que en ocasiones es alarmante. En el episodio vemos como una periodista sonsaca información a un miembro del gobierno a cambio de unas fotos íntimas, lo cual nos lleva a pensar lo lejos que puede llegar la gente o lo que puede llegar a hacer a cambio de información, de carnaza en este caso. A raíz de ahí ya un gran medio británico se hace eco de la información, del secuestro y de lo que se pide a cambio de la liberación, centrándose únicamente en esto último. El propio medio de comunicación hace una encuesta a sus telespectadores a través de las redes sociales (especialmente Twitter) sobre si el Primer Ministro se debería “sacrificar” y mantener las relaciones sexuales con el cerdo y que en caso positivo si desearían verlo en su televisión. Y como era de esperar, la respuesta es afirmativa. Vence el morbo sobre la moral.

Cuando parece que el secuestrador lo que pretende es poner a prueba al gobierno o al propio Primer Ministro, realmente es una prueba de fuego para la sociedad. Michael Callow prácticamente no tenía muchas opciones seamos sinceros, y [OJO, SPOILERS] terminó obligado a realizar las peticiones del secuestrador, pero quienes tenían completa libertad de ver o apagar el televisor fueron cada uno de los 1300 millones de personas, son ellos quienes vieron voluntariamente todo por más de una hora. Este es el hecho que a mi entender debería hacer saltar las alarmas. De hecho podemos observar como el propio secuestrador se acaba suicidando al ver los resultados que presenta la sociedad, asqueado con la misma.

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– Episodio 2 – 15 Million Merits :

«La esclavitud disfrazada de juego»

A cualquiera que le preguntemos sobre Gran Hermano y los ‘reality shows’ la telebasura en general, nos dirá: “¿Yo? Eso no lo veo”, “Ojalá desaparezca de la TV…” y demás declaraciones similares. Pero la sorpresa es realmente impactante, ya cada vez menos, cuando no hacen más que batir records de audiencia semana tras semana y siendo lo más comentado en las redes sociales. Pero luego nadie los ve. Este segundo episodio de Black Mirror apunta a esa necesidad de continuas distracciones y como estas poco a poco han ido deshumanizando a la sociedad, es decir una vista del kilómetro 100 de la senda por la que llevamos caminado 50.

Haciendo un breve resumen del episodio, el protagonista vive en un cubículo y a lo único que se dedica es a generar energía encima de una bici estática desde la que tiene varios escenarios de realidad virtual u otros pasatiempos o juegos o ver la televisión. Por cada X kilómetros recibe una cantidad de puntos que los canjea por comida, agua, indumentaria virtual, contenidos de TV de pago… Como si de “Metropolis” de Fritz Lang se tratase, existe una división de clases similar al de las castas: en el subsuelo los obreros, y en la superficie la luz, el oxígeno y el zumo de naranjas natural. La mentalidad crítica es acallada con el discurso de que es inútil quejarse, nadie te escucha, tu solo no vas a cambiar nada. Es decir, como en nuestra sociedad actual.

Y llegamos a lo más interesante del episodio, retomando lo que contábamos en el primer párrafo. La única manera de triunfar en esa sociedad (cuándo digo esa creo que podríamos incluso decir esta) es a través de la televisión, más concretamente a través de un programa que para que nos hagamos una idea certera es IGUAL que el X-Factor que veíamos en Cuatro, Tu sí que vales de Telecinco… por ahí van los tiros. Un cruel jurado es el que decide si trabajarás en televisión o si vuelves a la bicicleta. El protagonista enamorado de una chica decide patrocinarle con 15 millones de méritos (de puntos, los necesarios para poder inscribirte en el programa) y esta acude al programa a hacer su actuación. Convence al jurado pero este le ve en un papel muy distinto al que tenía la chica pensado: actriz porno. Al son que quiere la propia televisión acaba manejando la vida de esta chica y destrozándosela en algo que no desea, pero necesita venderse a ello para salir del “agujero” de las bicicletas estáticas. Para más inri, tras este hecho nuestro protagonista se lanza al escenario para hacer una crítica que a más de uno le hace ponerse la piel de gallina haciendo una dura crítica de la situación en la que se vive. Pero por desgracia en vez de seguir sus pasos no se acaba convirtiendo más que en ‘merchandising’ y es tragado por la pasividad permitida.

Por último me gustaría destacar una mirada irónica hacia el movimiento ecologista.

El mundo de la superficie tiene aire puro y casas de cristal rodeadas por bosque. Intuimos que el medio ambiente puro se mantiene sustituyendo las industrias contaminantes con la energía eléctrica producida por millones de bicicletas estáticas.

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– Episodio 3 – The Entire History of You :

«Tener buena memoria es bueno…. o no»

Como si de discos duros con piernas, brazos y ojos se tratase, lo seres humanos desarrollan una especie de chip que se implanta detrás de la oreja y con él eres capaz de almacenar todo lo que ves, todo lo que escuchas, todo lo que vives… y además eres capaz de revivirlo tantas veces como desees. Cualquiera que lea esto y se le permita adquirirlo estallaría de la emoción y lo señalaría como el mejor invento desde la rueda, y claro que tiene una alta utilidad pero su abuso es tremendamente dañino y eso es lo que nos presenta ese episodio como carácter general.

Quizás lo más difícil de las anteriores entregas era identificarse con sus personajes y situaciones altamente improbables a fecha de hoy. Pero todos podremos vernos reflejados con la situación que desenmaraña este episodio, a pesar de la tecnología protagonista. La paranoia que va creciendo dentro del protagonista del relato poco a poco hará que se nos caiga la cara de vergüenza a todos. El ataque a las relaciones de pareja es evidente, en ese trato tan pesimista de la condición humana degradada por el uso de las tecnologías modernas. Para mí la escena más cruenta es cuando la pareja está intimando en la cama y para poder “rendir” necesitan de recuerdos pasados intimando también. En cierta manera se acaba cayendo en vivir del recuerdo sin apenas generar nuevos por miedo (¿?) a que sean peores que los antiguos. La tecnología no tiene porque ser malvada y tener un aspecto terrorífico, de hecho es todo lo contrario, parece inofensiva y su aspecto es atrayente para el consumidor como señalábamos. Pero eso no significa que no pueda dominarte y destruir tu vida cuando le apetezca, que es lo que nos dicen aquí. Aunque si reflexionamos un poco podemos ir a más.

En este episodio la deshumanización de la sociedad, aunque se trate al nivel de pareja, es muy latente, me atrevería a decir que más que en los anteriores. La desconfianza actúa como un arma de destrucción masiva, y acaba desencadenando en un miedo a lo impensable a través de la obsesión en volver a ver una y mil veces los recuerdos que acaba desquiciando a nuestro personaje. Una vez más la tecnología nos domina, abusamos de ella y nos destroza la vida, en este caso nuestro personaje empieza a sospechar de una aventura de su pareja y cuando estalla la discusión se transforma todo en un conglomerado de revisión de recuerdos que no lleva a más que la angustia. El crítico de Cinemanía, David de Partearroyo se pregunta hablando de este episodio: ¿Cómo cambia irremediablemente esa tecnología nuestra relación con los demás? ¿Sigue habiendo espacio para los errores del amor o sólo para la fría obsesión? Somos seres humanos, no podemos existir sin fallos, en cambio la tecnología busca la perfección. Ojo no estoy defendiendo la infidelidad de la pareja del protagonista, pero sí que existan fallos, no solo entre parejas sino en la sociedad en general, pero con este tipo de tecnología y/o comportamiento en el que deriva.

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– Episodio 4 – Be Right Back :

«¿Realmente queremos que (nuestra red social) sea un reflejo real?

En este presente 2013 Black Mirror estrenó su segunda temporada y lo hizo de una manera algo macabra. Este episodio lleva como columna vertebral las redes sociales y nuestra dependencia en ellas. A la protagonista se le muere su pareja y durante el velatorio se le acerca una familiar o una amiga y le deja caer el uso de un programa el cual rastrea todas las redes sociales del muerto en cuestión y a través de comentarios, fotos, videos… elabora un personaje basado en él capaz de contestarte como si fuera él mismo. Pero aquí no acaba la locura: el siguiente paso es que la protagonista le manda audios al programa y este genera su voz por lo que ya no es escrito sino que le llama a su teléfono. Pero aguanten, todavía evoluciona a más: la empresa tecnológica a cargo de este avanza le manda un “cuerpo sin modelar” el cual mediante fotos adquirirá el físico de la persona deseada y mediante los videos aprenderá sus movimientos. Si una persona es capaz de aceptar esto sin que le parezca una locura, quizás debería ir a un especialista.

Y a través de esto viaja el episodio, una auténtica locura que lleva a nuestra protagonista a una serie de reacciones muy interesantes de analizar. En primer lugar siente rechazo, grita a la persona que le invita a probar este programa nada más decírselo en el velatorio. El segundo paso que da es la negación de que su pareja este muerta, no quiere asimilarlo no quiere pasar página y acaba aceptando la invitación. Algo temerosa acepta y comienza a hablar con su pareja de manera virtual. Esto acaba desencadenando una dependencia muy peligrosa que le lleva a aislarse de sus amigas y familiares con tal de estar siempre conectada a él, de hecho hay una escena en la que el teléfono se le cae al suelo y se le rompe y se cree que se ha muerto su novio, es decir, lo vive igual que cuando recibe la noticia del verdadero novio muerto.

Al final acaba rechazando la copia por el hecho de ser tan perfecta, ojo a ese detalle, y le invita al suicidio.

El análisis que podemos hacer de todo esto es que debemos y que no debemos verter sobre nuestros perfiles de Twitter, Facebook,… esa interacción, esa comunicación permanente a través de las redes sociales, ¿de qué vale? Cada día se utiliza más como fuentes fiables los comentarios en las redes sociales y lo mejor (o lo peor, según se mire) es que cada vez hay más cosas certeras. Es decir, ¿podemos tomar el perfil de una persona de Twitter y asegurar, con un 90% de posibilidades de acertar, que en la realidad es igual que virtualmente? Esa es una pregunta que, por lo menos a mí, me da miedo responder. Me da vértigo, tras ver este episodio, pensar en toda la información veraz que he vertido por qué, si se puede dar el uso que observamos en el episodio que dentro de lo que cabe es inofensivo, ¿qué uso negativo se le puede dar también? Una vez más Black Mirror te pone en tensión con tus actos frente a la tecnología y el uso que le das para comunicarte.

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– Episodio 5 – White Bear :

«El mejor TV Show de la historia»

Desde la órbita personal debo decir que es el episodio que más me gustó, junto al tercer episodio. En este caso nos señalan el poder del la televisión de nuevo y el poder (¿?) de nuestra permisividad. En capítulo arranca con una mujer que no recuerda absolutamente nada, que se despierta en una casa que parece no conocer. Sale a la calle después de investigar dentro de casa en busca de pistas y en la calle se encuentra que la gente no hace más que grabarle con sus ‘smartphones’, la verdad es que este tramo se hace bastante angustioso. [OJO, SPOILERS] Se encuentra con una pareja que le cuenta lo que está pasando en el mundo, a la vez que le empieza a seguir un hombre armado que busca matarles. Encuentra la ayuda de un hombre que les acaba llevando al bosque pero resultar estar aliado con los “malos” y está a punto de matar a nuestra protagonista, finalmente escapa junto a la otra chica, acaban yendo a una fábrica… y al final todo resulta falso: La mujer había raptado y asesinado a una niña (la foto de esta la encuentra en la casa en la que despierta y asume que es su hija, dato importante) junto a su pareja y lo que hacen es montar cada día un ‘TV Show’ en el cual no se hace más que sufrir a esta persona creándole una historia falsa a lo largo del programa y se acaba por poner en una silla (parecida a la eléctrica) ante el público y enseñándole la cruda realidad de lo que hizo. Y así, día tras día.

Lo que nos muestra es episodio es, en cierta medida similar al primer episodio de todos, como nuestro nivel de diversión o necesidad de matar el aburrimiento es capaz de alcanzar límites insospechados. No vamos a defender a alguien que secuestra y asesina a una pobre chica, pero la condena que recibe es peor que una condena a muerte. Pero lo peor no es eso, lo peor es ver como divierte al público. En cierta medida, a menor nivel obviamente, me recuerda a los programas que tenemos en nuestras televisiones en los que se pone de manifiesto problemas personales, familiares,… o incluso se fanatiza muertes como la de Marta del Castillo sin ir más lejos, creando programas volcados en esos problemas completamente deshumanizados e incluso llegando a tratarlos como si de una banalidad se tratase.

La diferencia clave que encuentro con el primer episodio es que en ese era más protagonistas los ‘mass media’ mientras que en este creo que la crítica debe ir encaminada al público, a los telespectadores, que disfruta con algo tan cruel como la tortura. [OJO, SPOILERS] Quiero repetir que no vamos a defender a la protagonista del episodio puesto que es una secuestradora y una asesina, aunque quizás de manera cómplice puesto que su pareja fue el cerebro que orquestó todo o al menos así parece en los ‘flashback’ que le dan a la protagonista cuando está en la silla, llegado al fin de su (¿?) episodio. Pero la mediatización de la tortura es casi peor, y lo más lamentable es que esa mediatización es gracias al consentimiento del público que vitorea el espectáculo. Desgraciadamente, el público televisivo de nuestra sociedad se va asemejando cada vez más al público de este episodio de Black Mirror.

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– Episodio 6 – The Waldo Moment :

«Un loco mundo de fantasía dónde se confía más en personajes animados que en políticos»

Esa cita de ahí arriba es del propio Charlie Brooker, escrita en su Twitter personal. Este episodio posiblemente sea el que más podamos ligar a nuestra carrera de Ciencias Políticas, ya que gira en torno a las elecciones en Gran Bretaña. Un canal de televisión tiene un personaje de dibujos animados que de manera políticamente incorrecta se dedica a poner de manifiesto lo ridículos que son los políticos del país y es bastante afamado. Cuando termina la temporada de televisión, deciden llevar a este personaje a las elecciones del país. Hay que decir que tras este personaje hay una persona que lo maneja, que una noche se conoce a una candidata también en esas elecciones. [OJO, SPOILERS] Al final, a regañadientes, acaba aceptando la propuesta de su jefe de presentarse a las elecciones como Waldo (el nombre del personaje) y su campaña no se dedica a más que a destrozar los actos de los rivales sacando trapos sucios durante los mismos y, claro, la gente acaba haciendo más caso a Waldo que al propio acto en sí del otro candidato. El momento clave del episodio es, sin duda alguna, el debate que tienen los candidatos en televisión. He intentando buscarlo para anclarlo aquí pero me ha sido imposible, pero el nivel de la crítica supera incluso la del protagonista en el episodio de “15 Million Merits”. En resumidas cuentas, tras recibir ataques hacia su persona basados sobre todo en que es un humorista sin apenas formación (política), explota y escupe sin pelos en la lengua lo que son cada uno de los candidatos dejándoles a un nivel muy ínfimo. Finalmente las elecciones no las gana Waldo y pasa lo que se esperaba (algo a analizar en las próximas líneas), pero si consigue un gran apoyo, el suficiente como para seguir creciendo. Sin embargo nuestro protagonista, por esa dura crítica acaba ganándose el rechazo de la persona que quería (una candidata) y por ello acaba renunciando a Waldo. Pero Waldo sin él seguirá funcionando, y en la última escena vemos ya como a avanzado el futuro hacia un mundo dominado por Waldo en el que él posiblemente sería el eslabón más alto y sin embargo aparece como un vagabundo al que le han destrozado la vida por ese abandono que es condicionado por la decisión anterior contada.

Muchos detalles son los que hay que comentar pero se nos acaba el papel. El que más me llama la atención es (y en una brutal similitud a lo que pasa hoy en día) es como Waldo denuncia a los políticos sin decir una sola mentira, por lo cual ni si quiera deberían salir de casa, y sin embargo el resultado en las elecciones es el esperado, salvo por la incursión de Waldo como tercera fuerza. Vaya… ¿a qué me recuerda? Hoy vemos como la corrupción política no hace más que ahogar al PP y al PSOE, y sin embargo no vemos ningún cambio y el domingo iremos a votarles de nuevo. A ellos se les debería caer la cara de vergüenza, pero a nosotros aún más por ese hecho.

Quizás este detalle del episodio a más de uno se le pasa.

En otro orden de detalles a contar de este episodio cabe destacar el hecho de la toma de decisiones personales y lo importante que son. El dicho dice, valga la redundancia, “nunca es tarde para echarse atrás” y la verdad es que en este episodio vemos como el protagonista paga las consecuencias de su decisión de tomar parte de Waldo, a pesar de que quiera echarse atrás después, hasta el fin de sus días y de hecho acaba perdiendo el trabajo, la chica, y todo. Por último y quizás el detalle que más miedo da es como se forma el imperio de Waldo, en la última escena (como hemos contado) observamos como Waldo se ha apoderado del mundo y lo maneja todo. Todo son anuncios suyos, su cara está en todas partes, nuestro protagonista ya mendigo absoluto es apalizado por las fuerzas del orden por golpear un anuncio de Waldo. Es todo muy sórdido, ya que no hay que olvidar que Waldo no era más que un dibujo animado y acaba convirtiéndose en eso, precisamente porque la gente (¿nosotros?) le dotamos de un valor excesivo. Además en esa última escena también podemos observar a través del cómico que lo ha perdido todo como “o estás en el movimiento o estás muerto” ya que al abandonar Waldo sus productores se encargan de que no vuelva a encontrar trabajo nunca más, algo que en nuestra sociedad también vemos, ya que o estás en este juego llamado democracia (pura fachada pintada por gente que seguramente en la vida ha estudiado que es una democracia) o estas ‘out’.

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En palabras de un viejo amigo mío: “Black Mirror es el mejor invento de la historia de la humanidad, mejor que la cama, mejor que el aire acondicionado en agosto, mejor que la tele… Es la creación de un periodista cultural que padece cinismo crónico, es la obra que mejor define nuestra sociedad del siglo XXI aparentemente perfecta gracias a seis capítulos absolutamente brillantes.

Ojalá tengamos más en 2014, la sociedad esta falta de esta autocrítica tan cruda.” 

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