‘SUCCESSION’: REVIEW (TEMPORADA 3)

REVIEW: Succession – Temporada 3.

Dos años después y con nueve Emmys a sus espaldas, Succession regresa este fin de semana con su esperadísima tercera temporada, una temporada que de buenas a primeras ya os puedo avanzar que es una auténtica maravilla. Tras arrasar en 2019, la serie vuelve consolidada no solo como el verdadero buque insignia de HBO, también lo hace como una de las grandes obsesiones de la televisión actual. Su primera temporada fue la de dar la sorpresa, la segunda la de la consolidación entre las grandes, y la tercera es la de su expansión definitiva. Parecía muy complicado mejorar lo visto hasta ahora, pero lo consigue. Ojalá sus responsables consigan mantener este nivel durante mucho tiempo. Tanto como sea posible.

No es que sea desde ya una firme candidata a obtener una larga lista de nominaciones en los próximos grandes premios, tras ver siete de los diez capítulos que componen su tercera temporada, no tengo ninguna duda de que volverá a llevarse varios galardones a casa, tanto Emmys como lo que haga falta. Lo de su elenco es una barbaridad. Pocas veces he visto una producción con tantos y tantos actores (y personajes) de primerísimo nivel. ¡Pero cada vez hay más! Recordamos que este año se unen a su elenco nombres como Adrien Brody o Alexander Skarsgård. Casi nada. Un ejemplo más de la ambición que tiene la ficción. Igual que sus protagonistas, Succession está dispuesta a comerse el mundo, pero, a diferencia de ellos, sabe muy bien lo que tiene que hacer para conseguirlo. Y lo ejecuta de maravilla.

Photograph by David Russell/HBO.

La nueva entrega de la serie arranca justo donde lo dejamos aquel octubre de 2019, concretamente en los instantes posteriores a la incendiaria emboscada en forma de rueda de prensa en la que Kendall (Jeremy Strong) declaró definitivamente la guerra tanto al imperio familiar como a su padre y hermanos. Recordamos que tras estudiar todas sus opciones y una larga y compleja deliberación, Logan (Brian Cox) acabó eligiendo a Kendall como cabeza de turco en un intento desesperado por salvar los muebles tras sus respectivas declaraciones antes el congreso, unas declaraciones que sirvieron como para detonar de forma definitiva y prácticamente irreversible la crisis derivada del escándalo destapado sobre la gestión, prácticas y encubrimientos varios de la división de cruceros de Waystar Royco. En un principio, su primogénito aceptó sin rechistar, aunque, finalmente, en el último momento, con la sala de conferencias llena de periodistas esperando su discurso de autoinculpación, este decidió hacer caso a sus instintos y dar un giro de 360 grados a la situación; acusando públicamente al patriarca de los Roy, dejándolo vendido ante el mundo. Kendall llevaba desde la primera temporada esperando su momento, con paciencia, sin alzar nunca la voz más de lo necesario, y esta era su gran oportunidad para consumar una traición que llevaba cocinando a fuego lento desde hace muchísimo tiempo.

A partir de aquí la serie se sumerge en una auténtica guerra civil de consecuencias imprevisibles. Aunque, en el fondo de todo, cada miembro de la familia sigue pensando en él mismo como puros egoístas narcisistas que son, es verdad que los primeros episodios de la temporada muestran una sensación de unión que pocas veces habíamos explorado en Succession. Al fin y al cabo, no hay cosa que una más que tener un enemigo común. Y en este caso no hablamos de un solo enemigo ya que también llega el momento de lidiar con la investigación del escándalo por parte del FBI y las tremendas repercusiones que esta podría tener -incluso en forma de penas de cárcel para algunos miembros de la familia- sin olvidarnos de la amenaza de la sociedad formada por Sandi Furness (Hope Davis), siempre bajo las las ordenes de su padre (Larry Pine), y Stewy (Arian Moayed), cuyo plan de adquisición hostil está a punto de llegar a su momento cumbre. 

Photograph by David Russell/HBO.

Por supuesto que, pese a esta (¿falsa?) sensación de unidad familiar y corporativa que se respira en el arranque de esta tercera temporada, las alianzas inesperadas, las manipulaciones constantes, y los egos de cada uno de los protagonistas continúan estando a la orden del día. Mientras que Logan lucha con todo lo que tiene y se le ocurre para salvar su imperio, su reputación, y el control del mismo de una larga lista de rivales y obstáculos que parece casi inagotable, tanto Roman (Kieran Culkin) como Shiv (Sarah Snook) entablan una especie de competición por demostrar quien puede ser más útil para su padre. También para ver quien odia más a Kendall, pero eso ya es otro tema. Ambos son conscientes de que el patriarca podría tener los días contados y que cualquiera de los dos podría ser elegido como su sucesor. Sus ambiciones de futuro no han cambiado, como tampoco lo ha hecho la presencia alrededor de su progenitor de figuras como la siempre efectiva y leal Gerri Kellman (J. Smith-Cameron), el cada vez más redimido Frank Vernon (Peter Friedman), Hugo Baker (Fisher Stevens) y su cabeza siempre pensante, o la eficiencia en persona; Karolina Novotney (Dagmara Dominczyk). Alguien tiene que buscar soluciones y apagar los incendios y la verdad es que, pese a que Logan los sigue mandando a tomar viento cada dos por tres, es una gozada verles trabajar en pantalla.

Tal y como vimos al final de la segunda temporada, otro de los grandes afectados por la investigación del escándalo de los cruceros es Tom (Matthew Macfadyen). Este es un personaje que siempre ha dado esa sensación de que por mucho que haga y se esfuerce -y por muy marido de Shiv que sea- nunca acabará de encajar del todo en el clan, y eso es algo que la serie continúa examinando este año. Parece estar arropado en todo momento, pero él mismo es consciente de que la sangre está en el agua y que prácticamente nadie dudaría en echarlo a los tiburones si eso fuera necesario. Es un poco el caso contrario al de su cuñado Connor (Alan Ruck), el cual, igual que se bella esposa Willa (Justine Lupe), siempre está presente pero solo de una forma simbólica. Los asuntos y las constantes guerras de la familia cada vez le importan menos y lo único que quiere centrarse en su «mundo de yupi» y en sus aspiraciones políticas.

De lo que no hay duda es de que Gregg (Nicholas Braun) se mantiene como la indiscutible estrella de la serie. Su capacidad para estar en el sitio indicado (depende de como se mire) en el mejor momento es tan fascinante como su bondad e ingenuidad. Un día apareció por ahí y como quien no quiere la cosa ya lleva dos temporadas chupando del bote. Como nadie le hace ni caso, nadie discute su presencia. Es el plan perfecto. Gregg da ternura, pero a la vez dan ganas de estrangularlo por ser tan parásito. Aunque actúe de buena fe. ¿Recordáis donde estaba al final de la temporada anterior? Efectivamente, al lado de Kendall y Jess (Juliana Canfield) en la famosa conferencia de prensa. A partir de aquí, otra vez a navegar entre bandos, rivalidades, crisis y todo tipo de situaciones complicadas mientras busca su sitio en todo este tinglado. Eso sin olvidar que también podría estar en el punto de mira del gobierno y que la relación con su querido abuelo Ewan (James Cromwell) no pasa por su mejor momento. Kendall es el hombre del momento, el mundo entero está pendiente de su próximo movimiento y de cual será su estrategia a partir de ahora, y Gregg está a su lado. Sale en todas las fotos. Increíble.

Photograph by David Russell/HBO.

Succession regresa como lo que es: una auténtica obra maestra de la televisión. No tengáis ninguna duda de que la espera ha merecido la pena. Os quedará claro desde el primer minuto de su primer capítulo, titulado «Secession». Escrito por Jesse Armstrong, su creador, este ha sido dirigido por Mark Mylod, todo un veterano tanto de la serie como de HBO, cadena para la que ha dirigido varios episodios de éxitos como Game of Thrones o Entourage. Toda una declaración de intenciones desde el principio.

Esta temporada dará mucho de qué hablar. Además creo que se estrena en el momento perfecto. Un nuevo curso acaba de arrancar en EEUU y la gente ya tiene ganas de ver algo grande. También aquí y en cualquier lugar del mundo. Solo faltaría. Una lucha de poder incansable protagonizada por una familia arrogante y disfuncional con quien no querríamos pasar ni dos minutos si formarán parte de nuestras vidas. ¿Quién nos hubiera dicho que con el paso del tiempo acabaría convirtiéndose en una serie tan y tan buena? Prepararos para disfrutar de la mejor versión de Succession. Todo está en juego y las tornas han cambiado para siempre. Y se nota. Yo ya os he avisado.

ESTRENO: Lunes 18 de octubre en HBO España.

NOTA DE LA TEMPORADA: 10/10

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